CAPÍTULO CATORCE Cuando Dust llegó al puerto, se sintió como si no fuera más que sus manos. Sus manos ampolladas, sangrantes y adoloridas. Todo su mundo se había reducido al lugar descansaban los remos, así que tuvo que forzarse a hacer cada golpe, tirando hacia adelante más allá de los barcos y botes. Su anterior embarcación, con su vela, había hecho que el viaje a las Siete Islas pareciera fácil. Este barco no tenía vela, no tenía espacio, no tenía provisiones. Todo lo que tenía eran los remos que cortaban las manos de Dust día y noche mientras remaba, y el roce de la sal marina contra su piel gris. No había dormido desde que había zarpado, se había quedado sin agua para beber hace tanto tiempo que su sed rivalizaba con el dolor de sus manos por el control. Dust estaba en control, sin

