CAPÍTULO NUEVE Cassie se apartó de la pesada puerta de madera. La adrenalina la inundaba al reproducir la fatal escena en su mente. Las manos pesadas sujetando con firmeza el cuello pálido, los alaridos aterrados y ahogados. Había algo más, una mancha de color vívido que no podía explicar qué era. Tenía que pedir ayuda, y rápido. Pero ¿a quién podía acudir? El ama de llaves era la única persona que conocía, y no tenía idea de dónde encontrarla. De cualquier modo, si perdía el tiempo buscándola, Margot moriría. Era así de simple. Cassie tenía que intervenir. Si irrumpía en el dormitorio, gritando lo más fuerte que pudiera, causaría una distracción que permitiría que la mujer rubia se escapara. El terror se apoderó de ella de solo pensarlo, pero se convenció de que debía hacerlo. Aunqu

