CAPÍTULO III.-3

1986 Palavras

—Perdonen, ¡Qué descuidado soy! —Y al momento se encendió la luz. En los escasos metros que nos faltaban, hasta llegar a la puerta donde él estaba parado, pude contemplar la pared de ese largo pasillo, empapelada en verde, con unos ramos de flores blancas de vez en cuando, pero lo que me llamó mucho la atención fue la gran colección de cuadritos que tenía a la altura de mi cara. Eran fotos de gente, no sé si serian familiares, estaban enmarcados, con un fino marco n***o todos iguales y pensé, “Así no les olvidará”, y llegamos a la puerta del salón. —¡Pasen!, están en su casa —nos dijo en ese momento. Los dos pasamos y yo me quedé asombrado, o al menos fui el que más lo demostró, Peter también miró allí el entorno, pero no dijo nada, yo no me pude callar y exclamé: —¡Pero…!, ¿Qué es est

Leitura gratuita para novos usuários
Digitalize para baixar o aplicativo
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Escritor
  • chap_listÍndice
  • likeADICIONAR