Harper lanzó los documentos en sus manos al escritorio frente a ella.
—Es un idiota. No debería tener ni siquiera compasión de alguien como él, es un ogro —dijo apretando sus manos—. Si no fuera por ellas… ya mismo me iría.
—Veo que el recibimiento ha sido tan... explosivo como imaginaba.
Harper giró su cuerpo bruscamente cuando escuchó la voz de la mujer, elegante como siempre.
—Señora Eleonor.
Eleonor miró los documentos apilados allí y negó con su cabeza.
—No quiero ni imaginar lo que sucedió entre ustedes allí adentro. —Harper suspiró.
—Le seré sincera, estoy apunto de irme. No puedo permitir que me traten de esta manera solo porque est…
—¿Ciego? —Harper cerró su boca.
—Querida Harper, lamento que mi nieto te haya dado esta bienvenida. Sarah me dijo que vendrías —Eleonor le apretó las manos con cariño, ignorando el desorden de papeles—. Por favor, dale una oportunidad. Sé que ahora solo ves a un hombre amargado y difícil, pero John es un buen hombre. La oscuridad en la que vive no es solo física… hay mucho detrás de todo esto.
Eleonor bajó la voz, asegurándose de que John, no saliera y escuchara.
Harper bajó la guardia, la voz maternal de Eleonor le daba tranquilidad y esa calma que necesitaba.
—Él… Perdió la vista en aquel accidente por culpa de un engaño, por culpa de esa mala mujer. La traición de la mujer que él creía que era el amor de su vida. Hay una cirugía que podría devolvérsela, Harper, pero él se niega. Prefiere no ver el mundo si ese mundo incluye el recuerdo de lo que perdió.
—Pero eso es bastante estupido, que prefiera vivir así.
—Esa mujer… él no quisiera verla. No quiere ver que es feliz con alguien más. Creo que se está castigando, ella lo culpó a él del engaño, la muy desgraciada.
Harper miró hacia atrás, hacia esa oficina en donde estaba él ahora. Una mezcla de lástima y una extraña comprensión la invadió.
—Quiero tener a alguien de confianza a su lado, tal vez él quiera hacerse esa cirugía con un apoyo como el de alguien como tu.
—No necesito que cuentes mi historial médico a desconocidas abuela —espetó John, con su voz vibrando con una rabia contenida.
Había sido tan silencioso, que las dos se sobresaltaron cuando lo vieron.
La anciana se giró hacia su nieto, caminando con paso firme hasta quedar frente a él. Le puso una mano en la mejilla, un gesto que John, milagrosamente, no rechazó.
—No es una desconocida, es la nieta de Sarah. Es alguien que no te tiene miedo, John, y eso es exactamente lo que necesitas. Alguien que te obligue a salir de este mausoleo que llamas oficina —dijo con seriedad.
Eleonor se volvió hacia Harper con una sonrisa triste.
—Déjanos un momento, querida. Hablaré con mi nieto.
—Está bien, empezaré con el trabajo que el señor me pidio que hiciera.
Harper asintió en silencio y se sentó. Eleonor tomó a John del brazo y entraron de nuevo hasta la oficina cerrando las pesadas puertas tras de sí. En el pasillo, el silencio era absoluto, pero dentro de la oficina, la discusión apenas comenzaba.
——¿Qué pretendes, abuela? —preguntó John en cuanto estuvieron solos—. Deberías poner un letrero, un cartel enorme. Así no te desgastas contando mi triste historia cada que se te antoja.
—Ni siquiera un saludo me das.
—Escuché tu voz y por eso salí… no puedo creer que quieras manejar mi vida de esta manera. Entiende, no necesito tus niñeras. No quiero a nadie aquí. Mucho menos a ella.
Eleonor cruzó sus brazos y sonrió con agriedad, lo vio de reojo sintiendo ese nudo en su garganta.
—Te quedas con Harper, John. No es una petición. Es la última voluntad de tu abuelo, él pidió que yo supervise la estabilidad de la empresa, y un jefe que despide a cinco asistentes en dos meses no proyecta estabilidad. Harper se queda. Si ella renuncia por su cuenta, no insistiré más. Pero no vas a echarla tu.
—No puedes pasar por encima de mis decisiones.
—Te equivocas, si puedo hacerlo. Y Harper, ahora es mi protegida. Ella se queda. No puedes hacer esto solo, no puedes manejar la empresa de esta manera.
—Abuela, por lo visto sigues viviendo en el pasado, ahora hay tecnología, adicional conozco a la perfección cada rincón de la empresa, creeme que puedo hacer las cosas sin necesitar mis ojos, sin necesitar a una niñera ahí perturbando mi maldita existencia —él subió la voz.
John apretó el bastón de fibra de carbono hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—John, hijo. No es un favor, es una orden. Te recuerdo que tu abuelo hizo crecer esta empresa y por ende yo puedo opinar y tomar decisiones. Te quedarás con ella y Harper será tus ojos, y se acabó. No hay más discusiones. —Él sonrió con arrogancia.
—Se irá —susurró él, con una promesa oscura en la voz—. Te juro que antes de que acabe la semana, ella misma me rogará que la deje irse.
—Veremos quién se rinde primero, nieto mío —respondió Eleonor con calma antes de salir de la oficina.
Al salir, Eleonor encontró a Harper esperando. Le guiñó un ojo con complicidad.
—Estás contratada, Harper. Pero prepárate... mi nieto va a intentar convertir tu vida en un infierno para que te vayas. No lo dejes ganar.