CAPÍTULO NUEVE Zoe no podía creer que el motel estaba aún más destartalado por dentro de lo que parecía por fuera. ―Sólo lo mejor para el FBI ―bromeó Shelley―. Por eso nos llaman agentes "especiales", ¿verdad? Zoe gruñó, apartándose de su inspección al sofá raído en el vestíbulo cuando regresaba el recepcionista. ―Aquí está su llave ―dijo, lanzando una tarjeta de plástico sobre la superficie del mostrador. La tarjeta se deslizó hacia ellas, deteniéndose justo antes de llegar al borde. ―Gracias ―dijo Shelley, recogiéndola y levantando la mano en un gesto de reconocimiento. Zoe no creía que el recepcionista se mereciera ni siquiera eso por su falta de atención al cliente. El hombre no dijo nada. Se desplomó en su silla y cogió su celular, reanudando cualquier actividad que estuviera h

