Soraya — ¡Estás loco! - pongo la mano en mi pecho al saber que la persona misteriosa se trataba de Diogo Valadares. — Casi muero del corazón. ¡No vuelvas a hacer eso! A su risa escandalosa, me doy cuenta de que Diogo no es más que un niño bromista. Sonríe como si estuviera en una obra de teatro cómica. Volteo los ojos y me preparo para salir. — ¡Espera! Calma, Soraya. - poco a poco él consigue dispersar su euforia. —Fue muy divertido ver su cara de asombro imaginando que yo sería un asesino. — No es gracioso. — Si vieras su cara, también encontrarías gracia. En fin. ¿Sabes quién era esa persona que te estaba persiguiendo? Aparentemente, ella quería poner fin a su vida. — Por un momento imaginé que serías tú queriendo forzar un acercamiento después de las atrocidades que me hablaste.

