Sebastián
Coloco dos dedos en el espacio entre mis ojos, masajeando mi piel. Sigo tratando de entender lo que está sucediendo. La leucemia es uno de los últimos diagnósticos que pensé que daría. El examen final aún no ha salido, pero por lo que todo indica es eso mismo que está en mi hija.
No sé por qué está sucediendo esto justo ahora. Parece que Soraya trajo todos los males con ella, y esto se ha manchado en mi hija. Seguro que es culpa de esa mujer. Cierro los puños. Si ella no hubiera regresado en nuestro camino, nada de esto estaría sucediendo.
Las manos delicadas de Diana, masajean mi espalda. Me relajo, dejando la tensión de todo un día estresante, irse. Selene me preguntó un par de veces por qué se había desmayado, pero no supe responder. Ella es muy inteligente, y seguro que sospecha que es algo grave.
— ¿Cómo piensas decir?
— No lo sé Diana. Todavía no salió el resultado.
— Lo sé, mi amor. - giro el cuerpo para estar frente a ella. Sus ojos están tristes como los míos. — Por los otros exámenes, todo indica, ella está con leucemia, sí. Esa enfermedad es una desgracia, ella afecta a muchos niños y nuestra princesa es una de ellas. - ella casi no puede hablar. Su cuerpo entero está temblando. — ¿Qué será de nuestra familia?
Abro los brazos, y dejo que ella vierta su dolor. Su llanto es en hipo alto. Masajeo su espalda. Digo muchas veces que todo va a estar bien, pero ni yo mismo estoy seguro. Me gustaría ser más fuerte, y tener confianza que todo saldrá bien, desafortunadamente no es así que estoy.
Mis ojos también se llenan de lágrimas. No quiero pensar en mi hija en una cama de hospital necesitando la ayuda de los otros. Con los cabellos teniendo que ser cortados, dando un lugar para un pañuelo de cabeza cualquiera. Solo con el pensamiento mi corazón ya se rompe en pedacitos.
— Tenemos que ser fuertes por ella.
— No puedo. - Niego con la cabeza.
— Mírame. - ella pone sus manos en mi cara, forzándome a mirar en sus ojos. -— Ahora es el momento en que tienes que ser fuerte, por nuestra chica. Ella necesita nuestra fuerza. Te necesito conmigo para que la cuidemos. ¿Te das cuenta de eso?
Entre lágrimas, estoy de acuerdo.
Nos abrazamos y nos quedamos allí. Uno consolando al otro, intentando asimilar esa trágica noticia. Tardé unos segundos, Selene estaba entrando a la habitación. Miré a mi hija. Con sus cabellos quemados del sol, los cuales eran enormes. Hasta entonces estaba bien, parecía estar bien, y así es como quiero que esté por el resto de su vida. Siendo una niña saludable.
Ella se une a nuestro abrazo, y automáticamente mi aspecto cambia. No podía seguir llorando delante de ti. Como dijo Diana, tenemos que ser fuertes para cuidarla, y así será.
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Algunos días habían pasado, y el examen aún no había salido. En medio de las correspondencias, una me llamó la atención. Era una invitación para el baile anual de máscaras que siempre ocurre en verano. Con los papeles en la mano, estaba listo para rasgarlo, cuando Diana soltó un grito escandaloso.
— ¡No lo hagas! ¿Esta es la invitación para el baile de máscaras? - Ella camina apresuradamente hacia mí, y quita el papel de mis manos.
— Sí. No lo haré. Mi hija está enferma, me necesita. No quiero ir a ninguna fiesta.
— Claro que lo harás. Primero que nada, Selene continúa sin los fuertes síntomas de la enfermedad. Será genial para ella distraer un poco la mente, e interactuar con otros niños. Sabes que tienen un bailecito para los hijos de los empresarios.
Giro los ojos.
— Segundo, en esta fiesta estará llena de personas importantes, de las cuales necesitas tener contacto. Ahora eres uno de ellos. Necesita hacer esa especie de comunicación para el desarrollo de la hacienda. Estamos creciendo más y más. Es una cuestión de inteligencia hacer negocios con otros empresarios para expandir las riquezas de Agar.
— ¿Desde cuándo te has convertido en esa empresaria? - Sonrío mientras camino hacia ella. Tire de su cintura con el fin de acercarla más, y sellar nuestras bocas.
— Desde que te conocí y me regalaste con dos hermosos hijos. Tenemos que pensar en su futuro.
— Tienes razón, mi amor. Como siempre. Enderezo un mechón de tu cabello. La guardo detrás de la oreja. Por un tiempo me quedo vislumbrando su rostro angelical. — Tú eres la mujer de mi vida.
— Eres el hombre de mi vida.
El beso, que comienza a continuación, no es abrumador, pero sí, tranquilo, sintiendo el sabor del otro, lleno de amor y de promesas, de cariño. Cuando digo que quiero pasar el resto de mi vida con ella, es verdad. Diana tiene todo lo que espero en una mujer, y la prueba de ello será nuestro matrimonio que se celebrará pronto.
— Mi amor. Necesito preguntarte algo.
— ¿Qué? - entrecierro los ojos. — Pregunta lo que quieras.
— Si la enfermedad de Selene es verdad, se lo dirás a Soraya, ¿verdad?
Lo trago en seco. En el mismo momento, me suelto de su agarre, y doy algunos pasos atrás.
— No.
— ¿Cómo no? No me gusta ni un poco esta mujer, sin embargo, ella engendró a los gemelos, y regresó para conocerlos. Esta enfermedad es muy grave. No puedes simplemente no decírselo.
— Diana, ella no quería saber de los niños recién nacidos. ¿De verdad cree que se va a preocupar por la enfermedad de Selene? Ella ignora a sus hijos. Estoy seguro de que si ella llega a saber, va a desdeñar, como todo en la vida ella desdeñó.
— Tú qué sabes. - ella sube los hombros. — Yo tengo que organizar el almuerzo para los niños, y pensar en la ropa que iré al baile. - sus ojos brillaron cuando habló la última parte. — Hasta más, mi amor.
Ella me deja solo. Reflexivo, intento pensar si realmente debería contárselo a Soraya. Balanceo la cabeza. La respuesta es: No. Si realmente amara a sus hijos, no los habría abandonado. Ella no tiene derecho alguno a saber sobre sus vidas, aunque eso incluya esa grave enfermedad. Además, ella no se preocupa por Selene y Suel. Estoy seguro de eso.