Erly.

2205 Palavras
Capítulo XIII. A pesar de la cerrada vigilancia de los cancerberos, ese día una mujer se atrevió a aventurarse entre aquellas colinas de basura y metal, llevaba un niño en brazos e iba acompañada por doña Catalina, mujer sexagenaria, de piel morena y complexión delgada, que, a pesar de su edad, lucia muy saludable y físicamente atractiva, que vestía de manera casual y humilde, habitante de aquella colonia, que era la que la guiaba caminando hacia a la rustica casona de la bruja del arrabal. Mientras curaba a sus perros, la mujer miró una serie de diodos encendidos que colgaban de una pared, que eran como un sistema de alarma que le indicaba que tenía una visita autorizada, y enfundándose en sus gruesos telares, cubrió su rostro con la bufanda y salió de donde estaba curando las heridas de sus perros abatidos. La mujer que cargaba al niño, se sobrecogió al ver la casa de madera a donde se dirigían, parecía una vieja casona al estilo rumano, con partes de cartón, adobe y madera, pero nada tenía de tétrico, más bien su estilo era rustico y elegante, hasta parecía la cabaña familiar de un solo piso, que todos quisiéramos que nuestros abuelos tuvieran, para visitarlos cada fin de semana, subieron los peldaños del porche y la puerta principal se abrió apenas con un pequeño empujón de doña Catalina, pasaron a una acogedora sala estar con muebles de madera y piel, con cortinas viejas pero limpias, donde predominaba una mesa llena de veladoras, stickers amarillos pegados a la pared, con infinidad de notas y nombres, algunos floreros vacíos y otros con frescas flores, una mesa de centro con cubierta de cristal, que cubría lo que parecía ser un hábitat o una maqueta en miniatura de alguna ciudad prehispánica, la estancia era cómoda y agradable, entre algunos estantes con extrañas botellas que al parecer contenían brebajes y extraños artefactos tecnológicos, pero muy antiguos, como viejos inventos que alguna vez sirvieron para algo. Pero al final no, o tal vez todavía funcionaban, en fin, todo indicaba que aquel sitio era el consultorio de algún tipo de chaman o brujo, muy comunes en esa época La mujer que cargaba al niño, era joven y bonita, de piel blanca y de fina estampa, con elegantes ropas que contrastaban con el rústico ambiente, al entrar se sentaron en el sillón, todo estaba limpio y ordenado, en ese momento, la alta figura salió de detrás de unas cortinas que tapaban una puerta. -Hola, soy Lorena Castillo y vengo a suplicar que me ayude. Le dice la mujer apenas mirando al alto personaje que se sentó en el sillón individual de la sala, para quedar enfrente de ella y del niño que llevaba en brazos, ella estiró uno de sus brazos sin decir nada, para destapar el rostro del infante, que la miró asustado y con dolor en la mirada, al ver el aspecto enfermizo del niño, sus bellos y verdes ojos se enternecieron, eso fue lo único que pudo ver Lorena de la bruja del arrabal, porque nunca se descubrió su rostro, y mientras esperaba a que le dijera algo, la mujer de los bellos y tristes ojos verdes, se levantó de la silla y extendiendo sus brazos, le indicó a que lo dejará cargarlo. - ¡Mi bebé tiene una especie de cáncer terminal y los médicos no me dan ni esperanzas, ni resultados! Ya recorrí varios hospitales de México y Estados Unidos, me he gastado una fortuna en médicos, clínicas, tratamientos y experimentos que no funcionan, y aquí doña Cata, me ha dicho que tal vez usted pueda hacer algo por mi pequeño, se llama Kevin; ¡Sálvelo por favor y le aseguro que no importa que me quede hasta sin calzones, pero le daré hasta el último centavo de lo que tengo! Se lo suplico, haga algo por mi angelito., Erly, que era el nombre de la alta mujer conocida como: “La Polaca” miró a Lorena dibujando con el entorno de sus ojos, la sonrisa que ocultaba bajo la gruesa bufanda que utilizaba, y sin decirle nada, se levantó con el niño en brazos y desapareció por detrás de los cortinales de donde había salido. Pasaron los minutos que se convirtieron en horas, y Lorena Castillo, ya se había tronado los dedos y comido todas las uñas, el Sol ya se había ocultado y no dejaba de mirar impacientemente hacia el cortinal, donde la bruja del arrabal había desaparecido con su niño en brazos. - ¡Quedamos en que ibas confiar plenamente y ciegamente en nosotras! Así que cálmate, porque te aseguro que, si alguien puede curar a tu hijo, es ella. Afuera hacia un frío de muerte, aunque dentro de aquel macabro consultorio, la temperatura era más que agradable; Lorena lo había podido comprobar porque ya había salido varias veces a fumar, las horas pasaban y entre que dormitaba, platicaba, suplicaba, rezaba y tomaba café con galletas que doña Cata amablemente le invitaba, mientras la acompañaba, el Sol volvió a salir y aunque tenía celular, en aquel extraño lugar no captaba ningún tipo de señal, ni había recibido por lo menos un mensaje de texto. - ¡Ya apaga eso que te dije que aquí de nada te iba a servir! –le dice doña Cata. - ¡No me importa el celular! Y si lo saco es para mirar la hora, o por costumbre, lo que me importa es saber qué pasó con mi Kevin. Dice Lorena ya a punto de traspasar aquél rustico cortinal, por donde la bruja del arrabal se había llevado a su hijo, aunque confiaba en doña Cata porque era conocida de su familia desde años atrás, se sentía desesperada y estaba empezando a arrepentirse de su osadía de llevar a su hijo enfermo con aquella extraña bruja de la que nada sabía, ya que ella no vivía en Reynosa, vivía en Monterrey, una ciudad a más de 200 kilómetros de ahí, habiendo prácticamente secuestrado a su hijo de una lujosa clínica particular, sin avisarle a nadie de su familia y amigos, clínica donde prácticamente tan solo esperaban su fallecimiento, para dar por terminados todos los tratamientos que durante más de 3 años le habían hecho. El rustico cortinal se abrió y de él se asomó el sonriente rostro de un niño de 5 años, rubio, de ojos contentos y de saludable apariencia; Lorena dudó por un momento de que fuera su hijo, pero al ver cómo le sonreía, se olvidó de todas sus dudas y sus angustias, lo abrazó y lo besó mientras lo cargaba, apretándolo fuertemente con sus brazos. En ese momento, la alta mujer salió de detrás del cortinal, portando con las dos manos una olla de barro con un líquido viscoso y caliente, el cual puso sobre la mesa de centro de la sala, sacó cuatro tarros de un trastero, y sonriendo le dijo: - ¡Sírvenos por favor; Lorena! Y Lorena dudó una vez más por un segundo, pero apenada y arrepentida a la vez, se recompuso y aún nerviosa, sin soltar de la mano a su hijo, sirvió en cada uno de los tarros, decidida a beberse lo que fuera, pero al probarlo se dio cuenta de que no se trataba de ningún extraño brebaje, tan solo era chocolate. Chocolate caliente que le supo delicioso y terminó por secar la angustia que la consumía, el niño se soltó de su mano y corriendo abrazó a Erly, que se había sentado en el sillón individual, y ante su traviesa insistencia, que le jalaba la bufanda y el gorro tejido para quitárselos, por fin se quitó los telares que cubrían su bello rostro blanco y de ojos verdes, mostrando una larga y rubia cabellera, bien cuidada y peinada. Lorena no tuvo más que mirarla y admirarla, ya que debajo de aquella extraña bruja del arrabal, se escondía una muy hermosa mujer digna de cualquier concurso de belleza. - ¡Gracias Doctora! Le aseguro que le pagaré hasta el último centavo que me pida, aunque me tenga que quedar en calzones, le di mi palabra y se la cumpliré, pero dígame; ¿Está totalmente curado mi pequeño Kevin? Kevin ya curioseaba por la habitación y Erly se levantó para mostrarle un viejo baúl de regular tamaño lleno de juguetes de los que alguna vez había encontrado entre la basura que recolectaba, ella vestía un pantalón vaquero y una blusa blanca. Lorena buscó entre sus ropas y su bolso de mano, sacando todo el dinero que tenía, y una chequera, para volverle a preguntar a la rubia que sonriente la miraba, mientras jugaba con el pequeño Kevin. - ¿Cuánto le debo, doctora? Ahorita no traigo mucho, pero le puedo extender un cheque, y si hace falta, le aseguro que mañana mismo se lo traigo, y también si hace falta, le daré todo lo que tengo, no importa que de aquí me vaya en calzones, pero con mi hijo en brazos, sano y salvo. -Tu pequeño cachorro humano ya está totalmente curado y el costo por haberlo curado será muy difícil de pagar, o muy fácil, eso depende de ti. –dice Erly. - ¡No me importa el precio, ya les dije que me quedaría hasta sin calzones si lo ayudaba! Y mirándolo como juega ahora, le pagaré con todo mi dinero, con todas mis joyas, propiedades o vendiéndole mi alma al diablo que usted me indique, pero le pagaré, porque la vida de mi hijo es lo único que me interesa. - ¡Ja, ja, ja! –se ríen al mismo tiempo Erly y doña Cata. – ¡No me pagarás por la salud de tu cachorro, ni con dinero, ni con tu alma! Ni nada que sea material, en realidad me pagarás con algo que será muy difícil para ti, o muy fácil, por eso te digo que eso depende de ti, y que tan agradecida estés por la salud de tu cachorro, me pagarás haciendo dos cosas, una todos los días, a partir de ahora, durante cada minuto de toda tu vida y la otra, cada vez que te sientas feliz de ver a tu cachorrito sonreír. Lorena la miró sorprendida y extrañada, pero decidida a pagar el precio que fuera. - ¡Pídame lo que sea señorita polaca, que le aseguro que la sonrisa de mi pequeño Kevin, lo vale! -Mi nombre es Erly, el precio que tendrás que pagar, durante cada minuto del resto de tu vida, es dejar de fumar. Lorena Castillo tomó su bolso de mano y vaciándola sobre el cristal de la mesa de centro, sacó los cigarros, un fino encendedor de oro, y todo lo que tuviera que ver con el vicio del cigarro, levantándose para salir de la cabaña y tirarlo en el montón más cercano de basura que encontró, ante la sonrisa complaciente y divertida de Erly y doña Cata, Lorena suspiró aliviada al regresar al calor de la estancia, porque, aunque afuera el día era soleado, el Sol nada más estaba de lujo, porque el aire era muy frío. -Y lo otro que deberás hacer cada vez que te sientas feliz por la salud de tu cachorrito, es preparar chocolate e invitárselo a quien lo necesite, no importa si es tan solo un vaso, o una jarra, o toda una olla, lo importante es que cada vez que te sientas feliz, alguien tome chocolate, con eso bella Señora, me daré por bien pagada, además, es muy importante que a nadie le digas donde encontrarme, solo en el caso de que encuentres a otro angelito en el mismo caso de tu cachorrito, entonces puedes buscarme, y lo último que te pediré, sin que sea parte del precio por la salud y la felicidad de Kevin, será que si yo algún día te llamo, que tal vez sea pronto, dentro de 10 años o tal vez nunca, dejes todo lo que tengas que hacer, todas tus pertenencias y tus compromisos, tomes a tu pequeño Kevin y vengas aquí mismo, lo más rápido que puedas. - ¡Le aseguró doctora que, de ahora en adelante, no volveré a fumar! Me alejaré de todos los vicios que tenía y usaré todo lo que tengo haciendo una fundación para que todo el que lo necesite, tome chocolate, coma y se vista, como le dije, no me importa quedarme en calzones, pero de que pago el precio requerido por la vida de mi hijo, lo pago, además de que estaré pendiente de su llamada, desde ahora y para siempre. Y despidiéndose amablemente y sumamente emocionada; Lorena Castillo le agradeció intensamente y le prometió solemnemente, pagar el precio que le había pedido por haber salvado a su hijo. Doña Cata acompañó a Lorena hasta las afueras del arrabal, y después de ser escoltada por cientos de perros contentos que parecía que querían ser adoptados por el pequeño Kevin Castillo, donde ella abordó su lujosa camioneta pero ahora con su hijo de la mano, feliz y saludable, el reloj digital del tablero de su camioneta indicaba pasaditas las 11 de la mañana, mientras abandonaba aquel arrabal, donde había conocido a la más poderosa y hermosa bruja, de la que nadie jamás le había hablado. 
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