CATORCE Caitlin corría. Estaba otra vez en campo, y se deslizaba entre la hierba que le llegaba hasta las rodillas. Amanecía y al correr, daba la impresión de que el mundo entero giraba a su alrededor. Sintió que se dirigía a toda velocidad hacia el enorme y fulgurante sol. Ahí en el horizonte, estaba su padre. El sol iluminaba su silueta. Tenía los brazos bien abiertos para recibirla. Ella no alcanzaba a ver bien sus rasgos, pero sabía que estaba sonriendo. Deseó correr más rápido. Caitlin se apresuró todo lo que pudo, pero sin importar su velocidad, su padre parecía alejarse cada vez más. Ya no le sorprendía; el sueño siempre había sido así. Lo sabía incluso a pesar de estar dormida. Pero algo diferente sucedió en esta ocasión. De repente ella ganó terreno y por fin, pudo acercarse

