DIECISIETE Sam tomó el asiento del acompañante en el BMW y Samantha manejó a toda velocidad por la carretera interestatal. No podía creerlo, era como un sueño. Ahí estaba él, sentado en un BMW nuevecito, viajando a toda velocidad por la autopista y con una sexy chica a su lado. Además, el auto era de ella, y lo conducía ella misma. Eso ya era sexy de por sí, pero que sea un BMW la hacía todavía más increíble. Sam tenía la sensación de estar en una película de James bond. Cosas como ésa no le sucedían con frecuencia. Las jóvenes nunca le hablaban y las pocas veces que había tratado de ligar con ellas, fracasó penosamente. Pero la buena suerte no terminaba ahí. Samantha no sólo tenía una casa impresionante y un coche genial: ella, al igual que él, sólo quería levantar vuelo y huir. Ambos t

