―¿Y eres bueno en lo que haces? ―me preguntó el pequeño. ―Lo intento y he visto cómo se me ha ido recompensando con el tiempo, permitiéndome alcanzar metas inimaginables. En mi largo caminar me han propuesto de todo, que fuese gobernante, principal e incluso me han ofrecido a sus hijas para conseguir retenerme en palacio. ―¿Y has aceptado? ―Mujer no, no quiero a nadie que esté a mi lado simplemente por el capricho de su padre. Aunque sí he permanecido por algunos años en palacio al servicio de un principal, antes de cambiar de ciudad. Normalmente a requerimiento de un señor más importante que había escuchado de mis dotes y que sería él quien disfrutase de mis cuidados y con ello se garantizase una mejor salud y mayor calidad de vida. »Aunque para los demás, los principales eran casi se

