El poder leer a los demás, requería de un esfuerzo de concentración en el que primero se debían de eliminar los propios pensamientos, además de requerirse de una autorización de la persona que iba a ser leída. Y en cambio parecía que ella nada de eso necesitaba. Aunque desconocía el verdadero valor de lo que hacía, pues estoy casi seguro de que mi presencia allí es casi anecdótica, hice mi parte, y estuve preguntando uno a uno cuanto se me ocurría, para comprobar qué tan bueno era en su trabajo. Aquello molestó a alguno, sobre todo a los que había escuchado durante mi viaje, pues decían que cómo les iba a evaluar alguien que no tenía mucha idea. Pero yo nada respondía, pues al final era ella quien decidía si eran escogidos o no. Y de esos, pocos se seleccionaban, pues en una jornada apen

