CAPÍTULO TRES Cinco minutos después, con Jessie aún furiosa, entraron al recibidor del Club Deseo, donde recibieron el alivio que necesitaban de un día que ya era tórrido con el aire acondicionado. Jessie echó un vistazo a su alrededor, observando el lugar. No pudo evitar pensar que el nombre, que, según Teddy significaba “Club de los Deseos”, era un tanto grandilocuente, a juzgar por lo que tenía delante. Casi pasa por alto la entrada al club, una puerta grande, sin carteles, de roble envejecido, adosada a una estructura de aspecto modesto en el extremo más silencioso del puerto. La recepción misma no era nada del otro mundo, con un podio sencillo para la recepcionista que estaba ocupada en este momento por una morena atractiva de aspecto diligente que parecía tener unos veintitantos añ

