Y a pesar de que sabía que era mejor así, Anna extrañaba su presencia silenciosa detrás de esa puerta. Al principio, golpeaba la puerta con cierta timidez, temiendo que él estuviera dentro y no supiera qué decirle. Con el paso de los días, empezó a sentir alivio al no verlo, pero ese alivio pronto dio paso a una decepción sutil y persistente. Su oficina se había convertido en el último tramo de su rutina. A veces se apresuraba con las demás tareas para disponer de unos minutos extra y curiosear cada rincón donde Owen solía trabajar. Las portadas de las revistas con su rostro, las fotografías de Eva, los libros esparcidos en los estantes. Incluso las figuras de cerámica que adornaban algunos espacios. En ocasiones se le escapaba un suspiro triste. Parecía que lo esperaba; con cada movim

