La casa de huéspedes era una casa. Completa, con todo. Más grande que cualquier lugar donde había vivido. Un poco me amedrentó. Y lo que me había costado dejar la casa de Andrea no fue por no querer irme, sino porque me había metido en una situación que no tenía ni pies ni cabeza. —¿Te drogas con los músicos? —Eso me contestó cuando le conté que me daba alojamiento él. —¿Qué? ¡No! —¿Entonces? —¿Entonces qué? Necesito un lugar donde vivir, él tiene una casa vacía. Cierra. —No, no cierra una mierda —se sentó en el borde de la cama, junto al bolso. Tenía la panza enorme—. Es una ridiculez, ¿así te quieres vengar de Matías? —No tiene nada que ver con Matías. No puedo vivir para siempre con ustedes. Vas a ser mamá dentro de poco. Si quieres coger con tu marido estoy yo en el cuarto de al

