31 El concepto del infierno no vivido, es decir, de la muerte eterna sin resurrección es del cristianismo de los primeros dos siglos (cfr. en particular la carta I a los Corintios de San Pablo), precedente a la platonización del mismo cristianismo que se produjo a partir del final del siglo II por obra de los apologetas (no Ticiano, que todavía habla de la muerte eterna para los condenados) y los Padres de la Iglesia, sobre todo San Agustín. El argumento es complejo y no puede tratarse en un simple nota, quien esté interesado puede acudir a los siguientes ensayos del autor: La vita eterna – saggio sull’immortalità tra Dio e uomo, 2002, Civitavecchia, y È Uomo, 2007, Pozzuoli (Nápoles).

