Xavier ignoró el sarcasmo de Sebastián con esa clase de elegancia tranquila de alguien que ya tiene maña para esquivar la culpa. Sus ojos se clavaron en los míos, suavizándose con esa vieja vulnerabilidad que solía romper mis defensas como si fueran de cristal. "¿Vendrás conmigo?", preguntó en voz baja. "Solo una vez más." Claro. Y yo soy la reina del perdón. Sabía perfecto lo que buscaba. Lo de siempre: un cierre. O un milagro, quizás. Le sostuve la mirada, dejando que una sonrisa lenta y dulce se curvara en mis labios —tierna, fácil y cien por ciento falsa. "Está bien", solté con tono casual. Toda la cara de Xavier se iluminó, como si le estuviera dando una segunda oportunidad. Pero él no tenía idea de que no estaba ofreciéndole redención. Lo estaba llevando al

