Punto de vista de Cecilia Salí lentamente del sueño, como si mi mente flotara a la superficie tras bucear muy hondo. Los dedos me pesaban como si fueran bloques de plomo, sin fuerzas ni para moverse. El primer dolor que sentí fue entre las piernas; un punzante recordatorio de... todo lo que habíamos hecho. Sentía el cuerpo como si lo hubiesen desmontado y vuelto a montar torpemente, cada músculo rendido, agotado. Las sábanas estaban pegadas a mi piel, empapadas de sudor y de su olor. Me sentía sucia. Rico y delicioso, pero sucia igual. Y la sensación pegajosa comenzaba a molestarme. Necesitaba un baño. Pero ya. Intenté moverme, un gesto ridículo y torpe, pero el brazo que me rodeaba la cintura se tensó al instante. "No te muevas," gruñó cerca de mi oído, su voz

