Alpha Sebastian seguía completamente quieto, con esos profundos ojos ámbar que me observaban tan fijamente que sentía que la piel me hormigueaba. No me atrevía a mirarlo directo a la cara. Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, yo desviaba los ojos enseguida, concentrándome mejor en la línea de su clavícula, visible entre la bata medio abierta. Parecía una coreografía rara: él mirándome la cara, yo mirándole el pecho. El silencio llenaba la habitación, los segundos pasaban y él seguía sin moverse ni un centímetro para quitarse la ropa. Mi ansiedad iba en aumento. ¿No esperaría que yo... Ya no podía con la tensión, así que alcé la vista de golpe y solté como si me quemara: "¡Te ayudo a quitarte esto!" [¡Por el amor! ¡Solo eran unas vendas! ¡Mejor salir de es

