Pero ahora, servida toda la comida, ya no podía evitarlo más. Mientras iba y venía de la cocina al comedor, miré discretamente los asientos. Y claro... el lugar al lado de Sebastián estaba vacío. Reservado para mí. Obvio. Los tres traidores y el pobre Levan me lanzaron miradas llenas de lástima. Me senté resignada. Harper, como buena anfitriona, dio la orden de empezar. Por suerte, Sebastián había vuelto a su versión fría y cortante. Ni una palabra más con el apodo aquel. A mitad de la cena, Harper soltó el tema de Cici. "Me dijo Cecilia que el Shadow Manada consiguió ayuda fuerte. Ayer llamé a la madre de Nicole para advertirle que tengan ojo." Tang entró al instante. "No hay de qué preocuparse. Acabo de volver de Boulder. Esa ‘gran aliada’ no hizo gran cosa. Cic

