Caminaron hacia la posada. Parecía que la electricidad había regresado y todas las luces, del frente de la casa, brillaban intensamente. Cooper frunció el ceño. Todo lo que había ocurrido en la isla... El fantasma había sido real. No lo había imaginado. Lo aturdía que Amethyst hubiera hablado con el fantasma. Interactuado con él... ¿Cómo es que había sido tan valiente? Nunca en su vida había sentido tanto terror. “¿Crees que tu mamá ya ha llegado?”. Amethyst se encogió de hombros. “Probablemente, pero no lo sabremos hasta que entremos”. Frotó su cara con su mano. La cautela nubló sus ojos. “Olvidé que se suponía que iba a llegar. Con toda la emoción en la isla...”. Él la jaló hacia sus brazos y besó su frente. “Creo que eso estaba previsto. No todos los días uno encuentra un fantasma”.

