CAPITULO CUATRO Pema maldijo su estupidez. Estaba dolorida y todavía tarareaba por el toque de Ronan. Le había costado toda su fuerza de voluntad alejarlo y poner fin a lo que había prometido ser el mejor sexo que había tenido. Tan cerca cómo estaba de llegar al clímax, detener su juego amoroso había sido una de sus decisiones más tontas. Ella se había encerrado en su lugar y se negó a detenerlo cuando él salió de la habitación. Recordando sus gruñidos sexys, su pecho duro y musculoso y la vista de su larga y gruesa polla saliendo de sus jeans no la ayudaban a calmarse. Ella dejó en blanco su mente y respiró profundo varias veces antes de que finalmente reuniera suficiente ingenio para salir de la oficina. Fue un alivio escapar del olor de su almizcle masculino y su excitación combinada

