—No creí que fuera lo mío —me sinceré—, pero creo que me terminó de convencer. —Tampoco iba a decirle que era mi primera vez sin ropa o la historia de mamá se iría al caño. —¿Entonces te veremos así diario? —preguntó con genuina curiosidad. Mi silencio fue una ratificación—. Bueno, espero que te pongas ropa cuando atiendas a tus clientes. —A menos de que me pidan lo contrario y paguen —bromeé bailando acostado—. Al cliente, lo que pida. —Chistosito —dijo con ironía—. ¡Ay, no! —exclamó, apartando la vista de mi m*****o, el cual empezaba a reaccionar a la sacudida—. ¡Mejor ya me voy! Se ve que te están dando ganas de otra cosa y eso sí que no lo quiero ver. Buenas noches. Le respondí mientras me cubría con las sábanas y aquél mástil empezaba a montar una carpa. Mamá y Raquel entraron jun

