Me despedí, dándole las gracias por su “amable” gesto de encubrirme y cerré la llave con candado, por si las dudas. Estaba en la alacena acomodando las compras y mi celular sonó, era Tere. —¿Cómo estás, papi? Ya hablé con mami y parece que todo marcha viento en popa, ¿eh? —Eso parece —dije con una sonrisa amplia. —¿Y mi fotico de hoy? —dijo en voz baja, haciendo puchero. —Acabo de regresar de la calle, mi vecina metiche ya me preguntó por ti. —¡Ay, qué mono! Ya voy a ser popular allá, créeme. ¿Y está buena, la vecinita? —Si te gustan viejas, gordas y feas… —¡Qué grosero, nene! Parece que me hablas de un sapo o algo así. —Date una idea… Seguimos conversando de tonterías un rato, le hablé del curso y ella se ofreció como voluntaria para paciente. Yo no creí que aquello que fuera pos

