—Cuando el timbre suene, todos al gimnasio — soltó la profesora, su voz un cóctel de amenaza suave y tedio perenne—. Ahí estarán los stands, pa' elegir su grupo de taller. Cero desmadre, ni tonterías quiero.
Lucas, con la mejilla hundida en la mano y el lápiz danzando garabatos en el cuaderno, alzó una ceja. "¿Payasadas? Es el primer día. ¿Qué se piensa, la jefa de una cárcel?"
—¿Y tú que eliges? — inquirió Marco, el que se sentía protagonista de novela juvenil. Cabello impecable, sonrisa deslumbrante, pero se le notaba que se emocionaba con los anuncios navideños.
—Supongo música — respondió Lucas, moviendo los hombros—. O teatro. Algo donde ni corra ni sude, que va.
—Yo baloncesto — declaró Marco, como si anunciara su fichaje por la NBA, no crees?
—¿Baloncesto? — repitió Lucas, entre risas—. Ajá, el futuro LeBron.
Y entonces...el timbre.
—Qué oportuno — murmuró Lucas, sabes?
El salón, una estampida.
Mochilas se cerraban, las sillas se movian con demasiada fuerza, gritos también, como si el profesor ya lo hubiesen olvidados la leccion de el orden.
En el pasillo
—¡Ey tio! Si el taller de cocina esta full, yo me voy a manualidades —explico un chico de tercero a su amigo. No tengo ni idea, ni como pegar una hoja con goma.
—Mi madre me dice que coja cocina, así, aprendo algo util en mi vida —replico el otro, le dio un trago a un zumo artificial lleno de colorantes, casi sin sustancia.
Por la escalera, dos chicas chismoseaban:
—Solo quiero apuntarme a donde esté él —ella dijo, mirando a un chico que bajaba, discretamente, las escaleras.
—Tu lo que quieres es tener un hijo —respondió la otra con una risita de sarcasmo.
Ya en el gimnasio
El lugar era como un bazar. Cada taller, su mesa con carteles, hechos de prisa, papel de colores, unos cuantos globos muy tristes, y un profesor que fingía entusiasmo.
En una esquina, las Barbies —las porristas del cole, que se hacian llamar "The Glitter Squad"— se juntaron, para fotos ante el cartel de danza.
—Obvio que elegiremos baile —decia Samantha, la líder—. No quiero arruinarme las uñas en jardinería ni sudar jugando básquet. Estamos listas?
—¡Clarísimas! —respondieron las demás, al unísono, como una boyband mal coordinada.
Lucas, Mariana, Julián y Mateo se acercan a los carteles.
—Ok, primera opción descartada: carpintería —dijo Mariana—. Mis uñas y los clavos no se entienden.
—Ni los dedos de Julián —agregó Lucas—. Él se clava solito, antes que la madera.
—Fue una vez —dijo Julián, fingiendo estar molesto—. Una vez! Y porque estaba distraído.
—Porque veías el t****k de la señora que baila salsa con su gato —recordó Mariana.
—¡Es muy adictivo! —se defendió.
—Carpintería descartada —anunció Lucas.
—¿Y cocina? —preguntó Mateo.
—A menos que quieran una intoxicación. Yo paso —dijo Mariana.
—Yo hago un arroz decente —ofreció Mateo.
—Decente de verdad, o decente de "no quedó crudo pero tampoco sabe a algo"?
—Preguntó Lucas.
—Decente… de "no me muero si me lo como".
—Pasamos.
Se acercaron al cartel de danza.
—Yo paso —dijo Julián—. Soy demasiao blanco para eso.
—Yo no —dijo Mariana—. Pero no voy a estar en el mismo grupo que Samantha, ni hablar. No pienso vivir el resto del año entre brillo y miradas pasivo-agresivas.
—Entonces tachado —anotó Lucas en el aire.
—¿Teatro? —Preguntó Mariana.
Lucas levanto la ceja y miró a Mateo.
—Mmm… me gusta la idea —dijo Mateo, dudando un poquito.
—Lucas ahí va a brillar —dijo Julián con sorna.
—Tú lo que tienes es miedo escénico —le respondió Lucas.
—Tengo miedo a todo… eso incluye al escenario, sí.
—Pues a mí me llama más música —dijo Mariana—. Al menos ahí no tengo que actuar como que todo está bien. Ya hago suficiente eso en mi casa.
Hubo un pequeño silencio incómodo. Mateo miró a Lucas, Lucas bajó la mirada.
—Bueno —dijo Julián, para cortar la tensión—. ¿Y jardinería?
—¿Jardinería? ¿Tú me ves a mí hablando con plantas? —dijo Mariana.
—Sí, de hecho sí —respondió Lucas, sonriendo—. Y seguro las plantas te responden.
—¡Oye! —Se rio ella.
Pues no, paso de largo. No quiero acabar con las uñas llenas de tierra, ademas con una crisis existencial sobre la vida de los helechos.
—Eso deja… teatro, música o. ¿manualidades? —dijo Mateo.
—Manualidades suena a castigo escolar —comentó Julián—, como cuando te mandaban hacer una lámpara con palitos de helado.
—Y ¿tu crees que no van a hacer eso aquí? —le contesto Mariana—. ¡Es lo primero que van a pedir!
—Entonces ya —dijo Lucas—, entre teatro y música está la decisión.
—Oye, ¿y no hay uno de escritura creativa o algo asi? —pregunto Mateo.
—Eso no da puntos para la feria —respondió Mariana—, aquí lo que quieren es show, aplausos y fotos para i********:.
—Entonces teatro —dijo Julián—, si vamos a hacer el ridículo, que sea con estilo.
Todos se rieron. Y sin darse cuenta, ya se habian formado como un grupo.
Frente a la mesa de teatro, la profesora encargada sonreía con demasiado entusiasmo. Mariana susurró:
—Tiene cara de que ama los musicales y odia los recreos.
—Y de que va a hacernos cantar aunque no sepamos —añadió Julián.
—Genial, mi debut como gallo desafinado —dijo Lucas.
—¡Será hermoso!—soltó Mateo con sarcasmo, sin embargo una sonrisa se le escapó.
Entre risas y bromas, con decisiones casi improvisadas, fueron inscritos para teatro. No sabian que ese taller lo cambiaría todo, aún más de lo que hubieran previsto.
Lucas observó a sus colegas, luego a Mateo, el cual le devolvió la mirada callado. Durante un instante, el sintió que la selección no era simplemente un taller. Era el inicio de algo grande.
Un algo de lo que no sabría si se sentia preparado para vivir.