5 "DE REGRESO A TI"

3378 Words
A la mañana siguiente de haber llegado a Los Ángeles, mi madre decidió hacer un desayuno enorme, como si fuera a alimentar a un ejército. Pensándolo bien, Ernesto comía por 10, así que probablemente fue la mejor decisión que tomó mi mamá. En lo personal, no tenía tanta hambre como otras veces, por mi mente pasaba la conversación que tuve con el señor Smith. El hecho de volver a verlo y observar esos ojos que su hija heredó hizo que mi corazón se estrujara. En la mesa, solo movía la comida de un lado a otro, apenas y probé bocado, el apetito se me había ido desde el momento en que desperté por la mañana con la idea de ir al cementerio a dejarle flores a Emma. Demasiado hipócrita de mi parte, han pasado seis años de su muerte y hasta ahora la visitaba. —Roger, no has comido nada —me llamó la atención mi progenitora. —Lo siento —me disculpé —. Es solo que no desperté con hambre. —Debes de al menos comer una tortita —pidió con amabilidad —. Si no lo haces te sentirás débil. Sabía que no podía contradecir las órdenes que mi madre decía, pues prácticamente gastabas saliva en una pelea que perderías sí o sí. Asentí levemente y me llevé a la boca el tenedor con el trozo de tortita. Mis dientes masticaron con lentitud a la vez que recordaba el lugar donde yacía el cuerpo de Emma. —Gracias por dejarnos quedar en su casa, señora —Evelin rompió el silencio que se había formado. —Ay cariño, no debes de agradecer absolutamente nada, son amigos de Roger y siempre serán bienvenidos —respondió mi madre tomando la mano de la chica. Evelin se sonrojó de sobremanera, haciendo que esos ojos de color verde resaltaran más. Por varios minutos la observé desde mi asiento. Tenía el cabello recogido en un moño y algunos chinos rebeldes salían de el. Tenía a su derecha el bastón de metal que utilizaba para guiarse. —El viernes tomaremos el avión a México, me habías comentado que tu madre nos esperaría en el aeropuerto, ¿no es así Ernesto? —preguntó mi padre mientras picaba con él tenedor su fruta. Mi amigo alzó la vista de su plato para posarla en mi padre. Asintió efusivamente, ya que tenía en la boca comida. —Perfecto, hoy no podré llegar a la comida, tengo que dejar todo listo en la empresa antes de nuestra partida —anunció mientras se ponía de pie. —¿Necesitas ayuda con algo, amor? —cuestionó mi madre. —No te preocupes, es solo organizar a los empleados, nada difícil —respondió mientras le daba un beso en la frente a mi madre. Mi papá se despidió de todos para después marchar hacia su trabajo. La señora que ayudaba en la casa limpió la mesa junto conmigo. Le dije que yo lavaría los platos, al principio se negó rotundamente, pero insistí y ella terminó yendo a regar las plantas del jardín. Cuando terminé de mis labores, subí rápidamente las escaleras para ir a la habitación de mi madre y avisarle de mi salida. Había veces que si no le avisaba a dónde iba se ponía histérica y no paraba de llamarme. —¿Puedo entrar? —pregunté mientras tocaba la puerta. —Claro que si —escuché desde el otro lado. Giré el pomo de la puerta y entré a la habitación. Mi madre estaba leyendo el libro Cien años de soledad. Cuando estuve frente a ella puso el marca páginas y se quitó los lentes. —¿Pasa algo? —cuestionó en tono afable. —En realidad quería decirte que saldré —avisé —. Creo que es momento... es momento de enfrentarme a Emma y su recuerdo. Los ojos de la mujer frente a mi se abrieron completamente, su asombro era notable a kilómetros. Su boca formaba una pequeña "o", que poco a poco se transformó en una enorme sonrisa que demostraba felicidad absoluta. No me lo esperé, pero se lanzó sobre mi para darme un fuerte abrazo que casi me dejó si aire. Con dificultad se lo devolví. —Mi niño, se que aun es difícil y que la herida no ha sanado por completo, pero me alegra que des este paso —susurró con demasiada emoción. —Lo he estado pensando, y creo que la mejor forma de olvidarla es enfrentarme a ella —respondí de la misma forma. Mi madre se separó de forma abrupta de mi lado. Su ceño estaba fruncido y toda la emoción que antes había visto se había esfumado. —Roger, no es cuestión de olvidarla, porque ambos sabemos que eso no se puede hacer —dijo, mientras me miraba directamente a los ojos —. Emma fue la primera chica a la que amaste verdaderamente, así que no la podrás olvidar. Lo que debes entender es que las muertes no se olvidan, se aprende a vivir con ellas, así haya sido una muerte inesperada e injusta, no se borrará de tu memoria, pero terminaras resignado. Sus palabras calaron en lo más profundo de mi alma. Aunque sonará descabellado, lo que me había dicho había apaciguado mi miedo; el olvidar. Olvidar todo lo que viví con Emma. Olvidar su amor y sus besos. Olvidarla a ella. —No quiero que su recuerdo deje de estar vivo en mi memoria, pero tampoco quiero seguir torturandome pensando que ella jamás va a volver —admití. —Es normal que pienses en eso —respondió con una sonrisa —. Su muerte te llegó de sorpresa, y sé que para ti esto es difícil, pero creo que es momento de continuar. Mi madre tenía razón, al igual que el señor Smith. Mi vida se había estancado tanto social como emocionalmente, el único amigo que tuve después de su muerte fue Ernesto, y ahora Mariana y Evelin. —Mira, si quieres ir al cementerio hazlo, solo vuelve antes de que anochezca, ¿de acuerdo? —De acuerdo —dije. Me puse de pie y caminé en dirección a la puerta. Era tiempo de volver a sentirla junto a mi. —Y Roger —habló mi madre detrás de mi —. No tengas miedo a volver a enamorarte, ella lo habría querido. Solo asentí y me marché. Entré a mi antigua habitación y tomé una chaqueta para el frío. Salí de la casa y decidí irme caminando, quería pensar en muchas cosas y a la vez en nada. Los nervios no me se alejaban de mi sistema, y admito que eso solo lograba alterarme más. Llegué a una florería donde compré un ramo de tulipanes. Estas eran de un color coral hermoso, las hojas estaban verdes y no se veían marchitas. El camino al cementerio no era tan largo, al menos unos quince minutos a pie. Pasé por parques, tiendas y restaurantes que me recordaban al tiempo que viví aquí. También vi el centro comercial donde compré el traje que use el día que besé a Emma. Cuando estuve frente a la gran puerta de hierro del cementerio, esta se abrió automáticamente, un oficial me dejó entrar. Las tumbas de las personas que dejaron esta vida estaban esparcidas por filas, incluso había varios mausoleos que hacían ver el cementerio mucho más grande de lo que era. Caminé en distintos lugares, todo el camino era de concreto. Al llegar frente a la tumba que buscaba, me quedé de pie y la observé con detenimiento. Emma Sophia Smith. 2004-2020 Recuerdo de sus padres y seres queridos. Una lágrima traicionera salió de mi ojo, y luego otra y otra, hasta que se convirtió en un llanto que no pude evitar. Mis sollozos se escuchaban por todo el lugar, pues no había nadie más ahí. Con cuidado coloqué el ramo de tulipanes sobre la tumba, intentando que se viera lo más presentable posible. Cuando terminé mi labor, me puse de rodillas y limpié mis ojos con el dorso de mi mano. En silencio contemplé la lápida de mármol con letras doradas. No sabía como explicar el sentimiento que me abrazaba, solo notaba la combinación de nostalgia y alegría de poder estar frente a ella. Frente a mi Luz. Pasaron unos minutos en esa misma posición, solo de rodillas y recordando todos esos besos, esos "te amo", todo el tiempo que pasé junto a ella. —Creo que estarás sorprendida de que te venga a ver —comencé a hablar a la nada en un susurro —. Han pasado seis años y hasta ahora he tenido el valor de regresar a ti. No sabes lo difícil que es no verte todos los días con esa sonrisa que contagiabas a cualquiera. En la garganta se me formó un nudo que me impedía seguir hablando. Mi vista se volvió a nublar y las palabras se quedaron atoradas en mi pecho. —Yo... te lo juro que lo he intentado, pero simplemente... simplemente no puedo superar el hecho de que no estés conmigo al despertar —vuelvo a llorar —. Que no me digas que se me hará tarde para llegar a un partido. Que no estés conmigo para celebrar una victoria. Me duele que no estés a mi lado. Su rostro inundó mi mente, todo de ella lo recordaba. Como sus ojos se cerraban cuando reía demasiado, o los hoyuelos que se formaban en sus mejillas a la hora de sonreír; pero lo único que no recordaba era su voz... fue como si mi cerebro, al dejar de escucharla por un tiempo, la eliminara de sus registros. —Aunque cumplí mi sueño —dije con la cabeza baja —. Me esta yendo muy bien en el fútbol, tengo la sensación de que me has visto jugar y que has celebrado cada una de mis victorias como una vez dijiste. 《¿Era justo que te fueras? —pregunté con los dientes apretados —. ¿Era justo hacerme sufrir de esta manera? ¿Era justo que no... que no me dijeras nada de lo que planeabas hacer? Jamás me preguntaste si yo quería seguir viendo como mis padres lloraban en las madrugadas porque no había ningún donante. No me preguntaste si yo quería dejar de verte.》 Las lágrimas seguían saliendo libremente de mis ojos, ya ni siquiera me preocupaba de limpiarlas. —Y sé que esto está sonando egoísta de mi parte, que tu también estabas sufriendo un dolor que poco a poco estaba acabando con tu vida —cerré las manos en puños, haciendo que mis nudillos se pusieran blancos —. Pero pudimos hacer que doliera menos... y hacer que estuvieras más tiempo conmigo. 《No me duele el hecho de que hayas marchado, sino que no pude despedirme... te fuiste antes de que pudieras sentirte orgullosa de mi. Me duele que ya estoy comenzando a olvidarte... que ya no soy el mismo de antes, que he dejado de sonreír porque tu eras el motivo de mis alegrías》 《Aún te sigo amando, y dudo que algún día deje de hacerlo, pero debo entender que no vas a volver y que yo debo de seguir con mi vida. Tal vez no sea hoy, tal vez no sea mañana; pero te prometo que seguiré adelante y podré abrir cada una de esas cartas que escribiste. Solo necesito que me ayudes a superarte, y si puedes, elijas tu la persona que quieres a mi lado, aunque si no quieres que nadie más se me acerque, no me opondré》 Una sonrisa se formó en mis labios y una fresca brisa corrió por el lugar. Ella estaba aquí, tal vez no en cuerpo, pero podía sentir el calor que alguna vez me brindó, pude sentir la paz inundar mi alma. —Te amo mi pequeña Luz, y seguiré haciéndolo por el resto de mis días... pero es momento de avanzar; es momento de aprender a vivir con tu ausencia. ♡●♡●♡●♡●♡●♡ Después de despedirme de Emma, decidí ir al centro comercial a comprar algo para comer. En el trayecto muchas personas se me acercaron para tomarse fotos, y yo acepté con gusto. Otra de las promesas que le había hecho a la tumba de Emma fue ser más simpático. Llegué a una pequeña heladería donde me pedí uno de galleta. Me senté en una banca, cerca de una pequeña fuente dentro del centro comercial. Comencé a degustar el helado mientras revisaba los mensajes me me había enviado mi madre. —Hola, Roger —saludó una voz de niña a mi lado —. ¿Te acuerdas de mi? Alcé la vista para encontrarme con una niña de aproximadamente unos doce años, su cabello estaba recogido en dos coletas con pompones de color azul y sus ojos de color café se me hicieron bastante conocidos. —Hola —saludé de vuelta —. No se en donde te he visto, pero tus ojos se me hacen familiares. La pequeña soltó una pequeña risa, después me miró a los ojos, como si intentara hacerme recordar de dónde la conocí. —Soy la niña a la que le regalaron un oso de peluche gigante —respondió con una enorme sonrisa —. Soy Zoe. Una parte de mi cerebro hizo clic, y fue cuando supe de donde había visto esos ojos tan risueños. En una pequeña de seis años se implantó en mi memoria. —¿Zoe? —pregunté con una nota de voz sorprendida —. Wow, hace años que no he sabido nada de ti, estas enorme. Volvió a reír y sus ojitos se cerraron. —Cuando escuché a mi hermano decir que Roger Smith estaba en el centro comercial, no pude evitar venir corriendo hasta aquí —respondió —. Te he visto jugar en la televisión, siempre te he recordado, también a Emma. A la mención de Emma mi corazón se estrujó, pero no dejé que me afectará demasiado, había prometido que ya no dolería, que la mención de su nombre no haría añicos mi existencia. —Al parecer yo te olvidé un poco —admití apenado. —No te preocupes, hace mucho tiempo que no nos hemos visto —dijo, restándole importancia —. ¿Puedo sentarme? Asentí y me hice a un lado para que Zoe se pudiera sentar. Su cabeza estaba gacha y pensé que era por pena o algo parecido, pero atisbé una pizca de tristeza en su mirada. —Emma y tu terminaron, ¿no es así? No la veo contigo —preguntó de repente —. Sé que las relaciones no duran para toda la vida, pero sin duda el amor que demostraban es imposible de olvidar. Además, hacían muy linda pareja. Mis ojos se cristalizaron, pero no derramé una sola lágrima. Zoe no sabía que Emma había fallecido. —No, pequeña, Emma y yo no terminamos —le dije con dificultad —. Es solo que la vida decidió que ella ya había disfrutado su vida. La niña a mi lado levantó la cabeza de golpe, como si quisiera que repitiera mis palabras para asegurarse de que había escuchado bien. Sus ojos buscaron los míos, la sorpresa y la duda claramente reflejadas en ellos. —Eso quiere decir que Emma... —dejó la frase al aire, intentando procesar mis palabras. —Ella falleció hace seis años —informé, a la par de que cerraba los ojos para controlar el llanto. —Pero cómo... ¿Cómo es eso posible? Ella se veía tan sana y alegre, su personalidad era demasiado linda, se veía muy bien —dijo de forma apresurada. —Yo también pensaba así —me pasé las manos por la cara —. Pero nadie sabe lo que el otro sufre en su interior. Los ojos de Zoe se pusieron rojos, clara señal de que iba a llorar. Llevó su mano derecha a su boca para ahogar un jadeo de tristeza, una lágrima descendió por su mejilla y me abrazó con fuerza. —Yo... yo no lo sabía. Dios mío, Emma no pudo haber dejado esta vida —sus solloz se intensificaron y su agarre a mi cintura también —. Ella era tan buena, aún no lo puedo creer. Con mi mano derecha la abracé, mientras que con la otra acariciaba su cabello, en un gesto de consolación. Sentía sus lágrimas mojar mi camiseta, pero no me importó, muchas veces yo también mojaba la almohada de mi cama, pues no lloré frente a las personas, solo con el señor Smith. —Shhhhh, es normal pensar así, pero al menos dejó de sufrir —le hablé suavemente. —¿Cómo... cómo falleció? —Yo tenía un problema en el corazón, solo podía ayudarme un trasplante del mismo —comencé a informarle —. Un día, mi corazón se detuvo y fui a parar al hospital. Los doctores dijeron que habían encontrado un donante, y era... —dejé la frase incompleta, me era difícil hablar con alguien del tema. —Era Emma —terminó por mi. —Así es —reiteré —. Al despertar, ella no estaba en la habitación esperándome. Mis padres dijeron que en cuanto estuviera dado de alta me explicarían todo, pasaron los días y Emma jamás llegó. Sus padres fueron los que me dijeron que ella me había donado el corazón, también me confesaron que tenía cáncer en el estómago, el cual se había expandido tanto que se pudo haber detenido con tratamientos, pero que sólo retrasaría una muerte inminente. Su cuerpo dejó de estremecerse por un momento, como si analizara cada detalle de lo que le había confesado. Al cabo de unos minutos se separó de mi, sus ojos estaban rojos e inchados de tanto llorar. —Creo que... estuvo bien que decidiera donarte su corazón, su vida pudo haber terminado, pero le dio una nueva oportunidad a la tuya —dijo, mientras limpiaba sus mejillas. —Me hubiera gustado despedirme de ella —confesé. —Solo hubieras atrasado algo inevitable —explicó —. Tal vez al principio se te haya hecho difícil el aceptar que ella ya no estaba, pero si te pones a analizar más a fondo, su decisión hizo que tu siguieras viviendo por ambos. —Creo que aún conservas esa inteligencia a tu corta edad —aludí, recordando la platica que tuve con ella cuando ma aconsejó que hacer con April y Emma. —Y tu aún sigues debatiéndote entre decisiones que son fáciles de elegir, pero complicadas de seguir. —Quiero seguir con mi vida, pero tengo miedo. —¿Miedo a qué? ¿Miedo a olvidarla? ¿Miedo a volver a enamorarte? —preguntó, mirándome directo a los ojos —. Roger, jamás vas a olvidarla porque fue parte importante de tu vida. Sí, entiendo que llegará el momento en que su voz dejara de sonar en tu mente, que su sonrisa y sus ojos no serán otra cosa más que líneas difusas que poco a poco desaparecerán. Pero ¿Sabes qué no va a desaparecer? Los momentos que viviste con ella; así que no tengas miedo a volver a sentir algo por alguien más. —Lo digo en serio, ¿no piensas dar terapias de parejas o algo por el estilo? —opiné. —De grande pienso estudiar psicología, soy buena apoyando a otros —dijo con modestia. —Entonces, ¿debo de ver hacia delante? —Debes de hacerlo, pero siempre con los aprendizajes que Emma te dejó; uno de ellos el no rendirse. ♡●♡●♡●♡●♡●♡ ¡Holaaaaaa! Aquí de nuevo después de años sin pasarme por aquí. Díganme, ¿que les ha parecido la visita de Roger al cementerio? ¿Y Zoe? Sin duda unos de mis personajes favoritos, pues a su corta edad llega a tener una mentalidad de adulto, quien sabe, es una de esas vemos su desarrollo en algún libro ? En fin, aquí tienen el capítulo que tanto me costó escribir, pues el bloqueo sigue acechando desde las sombras... así que no se sorprendan si no aparezco muy seguido por aquí. Gracias por su paciencia, los amo un montón ?
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