Liliana.
Amanecía un Domingo, amanecía y Liliana en lo único que podía pensar era en la cita que tenia pendiente.
Había ideado todo de antemano, quedandose hasta tarde en la noche haciendo reservaciones, buscando el lugar perfecto para lo que tenia planeado.
Eran las siete de la mañana cuando la alarma de su móvil sono, no hubo cansancio al despertar, más bien ansiedad. Una sensación de aleteo en la boca del estomago que no sentía hace más de tres años. No se dejo llevar por el sentimiento, lo enterró muy en el fondo convenciendose a si misma de que esto solo era un periodo de s3xo deseado, un quitar de ganas que tenia fecha de caducidad.
Tomo una larga ducha aromatica, depilandose cada vello del cuerpo, hasta que estuvo satisfecha. Hidrato su piel con cremas con aroma a vainilla. Eligio la lenceria, que aún tenia la etiqueta, colocandola en su cuerpo, pensando en como se la iban a quitar en un par de horas.
Ya vestida, con un vestido entallado de color n***o, se miro al espejo luciendo satisfecha.
Salio de la casa dejando una nota para Oliver, avisando a donde había ido.
En menos de diez minutos llego al lugar marcado, un hotel de lujo con un bar en la planta baja. Le dejo las llaves al Ballet Parking, adentrandose en el lugar, observando la barra en busca de Maximilian.
Lo encontro de espaldas a ella, con una copa en las manos. Su espalda ancha, musculosa, lucia a través del traje gris grafito, había una mujer que no le quitaba la mirada, sentada varios asientos mas allá.
No dejo que ningún tipo de sensación negativa la embargaba, Maximilian tenia ese efecto en las mujeres, Las cuales no podían resistirse a mirar al especimen apetecible que tenían enfrente. Las entendía, mas de lo que le gustaría admitir.
—Puntual, como siempre.
Murmuro sensual, con los labios pintados de carmín. Se le había acercado lentamente por la espalda, sin que el se diera cuenta.
Pronto los orbes de cazador se fijaron en ella con sopresa, analizandola de arriba hacia abajo.
Ek estomago de Liliana dio un vuelco, nunca se acostumbro a la forma en que el la miraba, Como si fuera una diosa recién acuñada por la divinidad. Como si la deseara con cada molécula de su ser.
—Un Whisky a las rocas por favor.
Le sonrió al camarero, eran las ocho y media, pero necesitaba el alcohol en su cuerpo, para sacar la verguenza totalmente de su sistema.
—Estas hermosa, como siempre.
Carraspeo, dirigiendo su mirada hacia el dueño de la voz mas ronca y erótica que había tenido el placer de escuchar en sus años de vida.
—Lo mismo digo.
El vaso llego a ella, haciéndola desviar la mirada para tomar un buen sorbo. Era hora de entrar en su papel, bajando un poco las pestañas lo miro, abriendo su boca unos milímetros, como si un lento gemido estubiera a punto de salir de su boca.
No sabia que tenia aquella, expresión, pero siempre cumplía su cometido, un arma letal y erótica.
La mirada de Maximilian bajo a sus labios, a sus ojos, y de nuevo a sus labios.
—Antes de que esto comience quiero dejar algo en claro. – Volvio a tomar otro sorbo, perdiendose en la sensación de ardor. —Esto es solo s3xo, no quiero movidas extrañas, no quiero Romanticismo, no quiero tu amor.
Lo miro fijamente, percibiendo el momento exacto en que varias emociones pasaban por sus orbes. No pudo descifrar ninguna.
—¿Qué más?.
—Yo estare al mando, esto se hara a mi manera. Cuando, como y donde yo lo quiera.
Maximilian apretó los labios en una linea tensa, era el hombre más hermoso del mundo. Se pregunto si estaba haciendo lo correcto, deseando que a su tonto corazon no se le diera por caer nuevamente en las garras de un amor lastimero.
—¿Puedo saber la razón?.
Se mordió el labio.
—Porque son mis términos y si no estas de acuerdo cada uno seguirá su camino desde ahora,
Silencio, momentáneo, tenso.
Lo miro fijamente, esperando ansiosa una respuesta.
—Esta bien Liliana, lo acepto. Haría cualquier cosa por este tiempo juntos.
No permitió que las palabras llegaran mas lejos, especificamente a su corazon.
Esto era s3xual, nada más y no tenia que estar recordando constantemente.
Le sonrió, alegre por su respuesta, tomado de sopetón el resto de Whisky,
—Entonces. ya que estas de acuerdo, empezemos con esto.
Se paro del asiento, analizando la mirada de estupefacción que se había apoderado de las facciones de Max.
—¿Ahora?.
Se le acerco unos centimetros, enganchando con sus dedos el borde de la falda del vestido.
—Ahora, a menos que quieras perderte de esto... – Levanto un poco la tela, mostrandole las medias de red que llevaba debajo, los ligeros perdiéndose por sus muslos. — Sigueme.
No miro hacia atrás, comenzando a caminar meneando las caderas.
No precisaba mirar, ya que sentía el calor de Maximilian detrás de su espalda, siguiendola a la habitación donde por primera vez tendrían el encuentro que sus cuerpos se debian.