- ¡No se lo lleven! ¡Basta, déjenlo! ¡No lo toquen! ¡Paren! -grité con fuerza. No era justo, él no merecía estar ahí. Mi horrible día empezó a las seis de la mañana con alguien insistiendo al tocar el timbre. Yo no esperaba visitas, es más, debía levantarme para ir a la escuela. ¿Quién podría ser? Sonreí inconscientemente, tal vez era Adam. ¿Cómo por qué vendría Adam a esta hora? Ayer olvidó su mochila y una chaqueta. Abrí la puerta y observé a unos señores vestidos de azul con una bata y sus nombres en esta. Sí, bueno, Adam no era. - ¿Se encuentra el señor Michell? -preguntó uno de los chicos mientras revisaba unos papeles. - ¿Quiénes son? -pregunté. Ambos se miraron entre sí y luego a mí, sonrieron exageradamente y estuve a punto de ce

