Mauricio Vitale
— ¿Me puedes explicar por qué me dejaste tirada anoche?, me arreglé para ti, pedí nuestra cena y todo para nada, ¿acaso crees que puedes plantarme cada que se te da la gana? — Odio cuando entran a mi oficina sin tocar, el único al que se lo permito es a Andrés y solo porque él no teme morir, aparte ya es inmune a mi carácter.
— No tengo que explicar nada y no grites no estás en una plaza de mercado. Ahh y no vuelvas a entrar sin avisar a mi oficina. — Le digo sin siquiera inmutarme, sigo tecleando en mi Mac.
— Vaya, así que ahora me pones límites y me plantas, ¿Quién es la zorra? — Sentí como si me apretaran las pelotas, ¿Cómo se atreve? Quite la vista de la computadora y la mire con una ceja alzada. — Así que si hay zorra, dime quien es. Se supone que tú y yo... — No aguante más y le di un fuerte golpe al escritorio, ella se sobresaltó y calló.
— Aquí la única zorra eres tú, mi zorra... Y puedo hacer lo que quiera sin decirte o avisarte, ocupa tu maldito lugar y no vengas a mi empresa a jalarme las pelotas. Es más, no te quiero volver a ver aquí, siquiera en el primer piso. — Me levanté de la silla y caminé hacia ella lentamente con las manos metidas en los bolsillos. A medida que me acercaba ella retrocedía. — Yo no le doy explicaciones a nadie, escúchame bien Luna, a nadie, sabes bien quien soy y que puedo hacer si me canso de tu culo, así que deja de joder y lárgate ahora. — La vi tragar grueso y marcharse sin decir más, solté un suspiro y regresé al escritorio, miré mi reloj y pensé que a esta hora Marcos debía estar recogiendo a mi libertina esposa para dejarla en la villa. Andrés se puso la diez consiguiendo esa casa y luego de ver los detalles no dude en hacer efectivo todo, mandé a llevar personal de la casa de mi madre, mi nana y algunas chicas irían a organizar que todo estuviera en orden para recibirla, no le di mucha explicación a mi madre, pero sabía que no iba a mantener sus narices fuera de esto, por lo que le pedí un par de meses, quería mantener aun esto en secreto, quería también desesperar a mi esposa, quería que la curiosidad la asfixiara, no me costaba nada llegar y presentarme ante ella, pero tenía miedo de que la chica me gustará más de lo que lo hizo en la simple fotografía. En mi mente solo estaba la imagen de su cuerpo moviéndose al ritmo de la música y el de su rostro en la foto.
— Sí que lo que te atormenta debe ser sexy, mira que abrir una cajetilla de cigarros...— Hay está Andrés, había demorado en aparecer y soltar sus estúpidos comentarios.
— ¿A qué vienes? — Le dije ignorando olímpicamente su comentario. — ¿Pudiste hablar con el viejo ese?
— Si, pero no logré mucho, quiere verte personalmente. — Me responde y me fastidio de una, le doy una última calada al cigarrillo y lo apago en el cenicero que está al borde del escritorio.
— Creo que llego la hora de hablar con el de frente, hay cosas que simplemente no se pueden postergar, salgamos de esto de una vez. Haz la reunión otra vez, estaré hay. — Termine de hablar y mi teléfono sonó dentro de mi bolsillo, lo reviso y leo en la pantalla un mensaje de Lucían.
*Su esposa acaba de llegar a la villa, la acompaña la chica que estuvo con ella en la discoteca. ¿Quiere que haga algo?
— Déjala ser. — Respondo*.
— Creo que voy a amar a esa chica, hace que tu humor sea más llevadero. — Guarde el celular y rodé los ojos. Me estaba empezando a molestar que hablara de ella, o que la mencionara en una misma oración con la palabra amor, me agrada, quiero. Lo odio.
— Ponte a trabajar, no sé cómo es que eres mi mejor amigo. Más bien... — No termine de hablar cuando mi celular vuelve a sonar y esta vez es el tono de llamada. Algo me dice que no conteste, pero como la curiosidad mato al gato, hay voy yo.
Llamada...
— Eres un cabrón de mierda Vitale, ¿Cuándo vas a mostrar ti horrible y arrugado rostro vejestorio de mierda? Si crees que voy a estar encerrada en esta casa estás muy equivocado, no me conoces y juro que haré de tus últimos días de vida un infierno, tanto así que desearas que sea el diablo que venga por ti... — Ja, ja, ja. Quería soltar una carcajada, pero me aguanté, no podía quedar expuesto y mucho menos delante de Andrés, eso sería condenarme a sus burlas de por vida y ahora sí que el diablo me lleve. Es irónico, porque soy el diablo y va a ser ella quien desee que la lleve y la traiga. — Habla infeliz, ahora también eres mudo. Vitale, vitale... — Colgué, aún no era tiempo de hablar con ella, además según entendí ella piensa que soy un viejo cosa que hace más interesante todo esto, será divertido sin duda.
— ¿Quién era y qué me ibas a decir? — Puse mi atención en Andrés y seguí con las instrucciones.
— Era mi esposa del celular de mi nana y te iba a decir que más bien le pusieras atención al cargamento que viene de parte de los rusos, es importante que llegue completo y que se haga la debida distribución. No quiero errores, usa a quienes necesites para completar el trabajo. Otra cosa, como Lucían tiene otras cosas, manda a Demian a supervisar las bodegas del norte, quiero todo en orden, incluyendo la contabilidad.
— Vaya, ¿tú no vas a hacer nada? — Agarro el puente de mi nariz y trato de calmarme, en serio no puedo creer que él sea mi número uno.
— Soy tu jodido jefe cabrón, no haré nada si no quiero, ve a poner todo en orden y delega los trabajos, estaré al pendiente de cualquier novedad, ahh y no olvides supervisar la construcción de la base, quiero ese lugar terminado cuanto antes. — Le sonreí y él asintió, no dijo nada más y se levanto de la silla. — Andres, otra cosa. — Me mira con fastidio y sonrio. — Quiero que pongas a alguien a vijilar a Luna, la quiero lejos de mi. — Ahora fue el quien sonrió. Me dio la espalda y salio. Yo me quedé pensando en lo astuta que había sido esa chiquilla como para que mi nana le permitiera llamarme. Sonreí y me dispuse a dar la última orden del día.
Llamada...
— Señor. — Contesta Lucían.
— Comprale un teléfono a mi esposa...