Anahí Me siento como una frágil mariposa cuyas alas fueron arrancadas antes de que pudieran volar. El peso del silencio, el vacío en mi vientre, se ha vuelto una herida abierta que arde sin cesar. En la quietud de mi habitación, escuchaba el eco de la noticia que ha desgarrado mi alma. No podré ser madre. Las lágrimas, compañeras fieles de mi desconsuelo, dibujan surcos en mi rostro, marcando el dolor que se hunde en lo más profundo de mi ser. Los suspiros se ahogan en mi garganta, y cada latido de mi corazón grita en silencio por la vida que nunca florecerá en mi vientre. Me siento despojada de una esencia vital, como si mi propósito en este mundo se hubiera desvanecido en un instante. Observé cómo la esperanza se desvanecía lentamente, dejando paso a un abismo oscuro y desolado. Los

