Estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de su actuación y convencido de que volvería a hacerlo si se presentase la ocasión. En esos momentos no era la seguridad de su protegida lo que le impulsó a reaccionar de esa manera. Era la mujer que lograba despertar en él afectos que consideraba desterrados para siempre de su corazón la que se veía acosada por un hombre, y eso era algo que él no podía tolerar. Reconocía que se había extralimitado, actuando más guiado por un impulso emocional que por los dictados de la razón, algo peligroso en su trabajo y totalmente contrario a las normas establecidas en él. Se ensañó con el agresor de un modo desproporcionado a lo que la realidad requería, hasta el punto de que, si Karla no lo hubiese detenido, pudo haberle causado graves lesiones. Se acercó

