Ajusté el pequeño vestido n***o de manga larga con una pequeña abertura que dejaba al descubierto mi clavícula izquierda y un pequeño corte en la pierna derecha. Un vestido que había comprado hace varios años y que nunca me había atrevido a usar. Mi madre me hubiera matado tan pronto hubiera dado un paso fuera de mi habitación. Aun así, lo mantuve entre mis pertenencias a la espera de la ocasión perfecta, y ese día había llegado.
Mi primer deber como novia era acompañar a Memphis a la fiesta de cumpleaños de su mejor amigo. Sonaba como una simple reunión en algún bar o algo por el estilo, pero no. Por lo poco que me contó sería en un lugar exclusivo de Manchester donde acudirían amigos cercanos y colegas de ambos. Lo que hacía del trabajo relativamente fácil, si Memphis y sus amigos no fueran más famosos de lo que pensaba.
Quien creí que era hijo de mami y papi resultó ser un futbolista profesional en uno de los equipos más importantes de Inglaterra como lo era el Chelsea. No conocía mucho de fútbol, solo lo poco que escuchaba cuando mi hermano miraba algún partido en la sala de la casa. Pero no se necesitaba ser inteligente para saber que el mundo de los deportes era pequeño y lleno de chismes, inclusive me atrevería a decir que era un poco más salvaje que el mundo de las estrellas. Lo cual me preocupaba porque no quería que las personas comenzaran a opinar de mí, ni que mi familia se enterara de lo que era mi vida ahora que ya no vivía con ellos.
Salir con el futbolista me expondría demasiado, sin embargo, era un riesgo del que se me habían advertido antes de aceptar el contrato. Memphis ya había cumplido con su primera parte del trato: pagar la deuda con la universidad y el resto del semestre. Así que ahora me tocaba a mí cumplir con mi parte y hacer nuestra primera aparición en público como pareja. Una presentación que al día siguiente rondaría todos los encabezados, y eso era lo que más me aterraba pero lo que más le importaba al futbolista.
Me coloqué unos pendientes dorados y acomodé los pequeños y rebeldes mechones de cabello que no se quedaban en su lugar. Me observé una vez más en el espejo colgado tras la puerta de mi habitación y me sentí satisfecha con mi elección. Un vestido bastante sencillo con apariencia de lujo y que nadie sabría que lo compré en la sección de descuento de Primark. Además, me hacía bonita figura y se ajustaba a la perfección a mi pequeño cuerpo.
Me estaba ajustando los tacones cuando recibí el mensaje de Memphis informando que ya había llegado.
Tomé mi bolso y bajé las escaleras con cuidado de no tropezar. Vivía en el tercer piso de un edificio donde el elevador no funcionaba, nunca lo había hecho y dudaba que lo fuera a hacer algún día.
Al salir, frente a mí me esperaba el único auto más llamativo de la cuadra, si mis intenciones eran pasar desapercibida, Memphis había hecho todo lo contrario. Su Mercedes Benz deportivo color gris rata con efecto mate llamaba la atención de todos los vecinos y personas alrededor.
Apresuré el paso para evitar que las personas me identificaran y salir del vecindario antes de que alguien nos hiciera algo. El área donde vivía no era la más bonita mucho menos la más segura. Pero a mí me gustaba, me sentía cómoda y era lo que se ajustaba a mi presupuesto. Así que no me quejaba y le veía el lado bueno y bonito: como por ejemplo que estaba cerca de la estación del metro y la parada de autobuses o que el supermercado estaba doblando la esquina.
Me apenaba un poco que tuviera que pasar por mí a un lugar como ese, pero era lo que tenía. Sin mencionar que solo pagaba la renta de mi habitación, mientras el resto de las amenidades eran compartidas. No conocía a mis compañeros de piso, pues pasaba gran parte de mi día fuera, eran contadas las ocasiones que pasaba la tarde ahí. Pagaba la renta de una habitación solo para dormir y guardar mis pertenencias.
El futbolista se bajó del auto apenas crucé la calle y lo rodeó junto a mí para abrirme la puerta. Conmocionada por su acto de caballerosidad agradecí con una sonrisa tímida mientras tomaba asiento. Era una acción común en el mundo de las citas y aún así nadie lo había hecho por mí. Fue un momento simple, pero que me hizo sentir especial.
—¿Lista? —preguntó encendiendo el auto.
—Sí —respondí ajustando el cinturón de seguridad y poniéndome cómoda para la larga noche que me esperaba.
Era extraño estar en un auto de lujo, arreglada como nunca lo había hecho, junto a un futbolista multimillonario y guapo del que conocía muy poco. Me inquietaba saber tan poco de alguien tan conocido. Quería conocer más de él, que le gustaba hacer en su tiempo libre, cómo se había vuelto futbolista o por qué necesitaba una novia falsa, tenía demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.
Memphis a simple vista parecía una persona seria, reservada y de pocas palabras que ni siquiera mi presencia lo hacía hablar más allá de lo necesario. Aunque algo dentro de mí, me decía que era todo lo contrario una vez te dejaba conocerlo. No me interesaba saber toda su vida, pero al menos lo más importante para poder hacer de esta relación más creíble y amigable.
El silencio durante el trayecto me tenía ansiosa al punto que no podía dejar de jugar con mis manos. Buscando cualquier pretexto que funcionara de distracción encendía mi celular cada dos segundos a la espera de alguna notificación que requiriera un poco más que mi contraseña. Esperaba que Candy Crush me dijera que me extrañaba aun cuando tenía meses sin jugar y solo era una aplicación más robando almacenamiento.
—¿Qué historia vamos a contar si nos preguntan? —rompí el silencio. Memphis me observó extrañado, como si tuviera algo en el rostro— ¿Qué? Tus amigos van a querer saber cómo nos conocimos, después de todo dijiste que te la pasabas de fiesta y con chicas. ¿No crees que les parezca extraño que de repente aparezcas tomado de la mano de alguien que ahora es tu novia? —me defendí.
—La verdad —respondió como si fuera obvio—. Que nos conocimos en el café donde trabajabas hace un par de meses, y después te invité a salir...
—¿Y a dónde fuimos en nuestra primera cita? ¿quién dio el primer beso...?
El nerviosismo me estaba jugando chueco creando escenarios insignificantes, aunque no sabía por qué si nunca había tenido problema para ocultar las cosas. No me consideraba una excelente mentirosa, pero tras crecer en una familia que aparentaba ser la más feliz del mundo, fingir se había convertido en mi especialidad.
—¿De verdad importa? —me interrumpió irritado— No necesitas dar detalles. Invéntales cualquier cosa o evade sus preguntas.
Asentí en silencio incomoda por su reacción. Su tono de voz y sus palabras me recordaron a mi padre, a lo impaciente y frío que era. Y me recordó que: calladita me miraba más bonita.
—Lo siento, estoy un poco estresado —Se disculpó por su repentino cambio de humor—. No me parece relevante tener que narrar una historia. Pero te voy a dar un consejo, tienes que aprender a decir solo lo necesario, ¿de acuerdo? No puedes ir por allí dando lujo de detalle, sobre todo, ahora que eres mi novia. Las personas y la prensa harán lo posible por saber de ti, de mí y de nosotros —explicó más tranquilo aún con la vista sobre la autopista—. Evita hablar con personas desconocidas y meterte en polémicas. Nos ahorrarás muchos dolores de cabeza.
—Está bien —respondí sería.
Memphis tenía razón, debía tener cuidado con las personas con las que me relacionaba y no abrir la boca de más. Había gente envidiosa que utilizaba cualquier cosa en tu contra con tal de hacerte quedar mal.
Ahora que lo pensaba no estaba segura de poder con la carga. Todo este teatro sonaba más difícil de lo que creía. Era demasiada presión para mí. Tal vez, solo tal vez si miraba esto como una película donde yo era la protagonista, lograría sobrevivir.
Deseaba una vida tranquila, sin el drama ni el estrés que implicaba tener que cuidar mi imagen y medir mis palabras.
La vida que me esperaba al lado de Memphis parecía muy compleja y ajetreada.
—No te preocupes, al final te acostumbras —Trató de reconfortarme con una sonrisa torcida—. Solo es cuestión de práctica.
Asentí y guardamos silencio el resto del camino.
Era triste que a sus veintitrés años había aceptado su destino. Un destino en el que la privacidad ya no era una opción, sino un lujo.
El trayecto en el silencio del auto pasó rápido y en menos de lo que esperé ya habíamos llegado a nuestro destino. Los nervios comenzaron a invadirme y al parecer a Memphis también porque antes de bajarse murmuró:
—Que empiece la función.
Me tendió la mano ayudándome a bajar del auto y por fin me di el tiempo de analizarlo. Vestía pantalones cargo color n***o, un suéter azul rey doblado hasta los codos y sobre la muñeca derecha una esclava dorada. Un atuendo bastante cómodo y casual para la ocasión.
Su atuendo tan cómodo y relajado me hicieron desear que fuera él quien llevara el vestido diminuto y los tacones matadores.
Mis ojos se detuvieron unos segundos en su rostro, fruncí el ceño algo me parecía diferente.
Me costó unos segundos darme cuenta, se había cortado el cabello. El pequeño largo de la parte superior había desaparecido en un corte casi militar. No parecía su mejor corte, pero mantenía ese pequeño destello rudo e imponente que enamoraba a cualquier chica.
—¿Lista? —preguntó entrelazando nuestros dedos.
Observé nuestras manos mientras una ola de sentimientos encontrados me invadía, no respondí y solo caminé a su lado nerviosa.
—Lista para vivir la fiesta de un sábado por la noche con gente extremadamente adinerada como cualquier joven de nuestra edad haría — pensé sarcástica.
El camino del auto a la entrada se sentía tan lejos y a la vez tan cercas a lado del futbolista. Sus piernas largas me hacían la vida imposible. Era difícil seguirle el paso cuando un paso de él eran dos míos y en tacones.
Tomé aire cuando se detuvo frente al guardia y una pequeña corriente de aire me hizo temblar provocando que me pegara a su fuerte espalda. Sobre mi hombro alcanzaba a ver como las personas en la fila comenzaban a reconocerlo y discretamente le tomaban fotos al famoso, Memphis Kane.
Finalmente, el guardia nos dejó pasar y yo permanecí a su costado tratando de evadir los celulares y flashes de aquellos que lo habían reconocido.
—Bienvenida a tu nueva vida —Me alenté.
Me impresionaba su sangre fría y la manera que controlaba sus emociones. En todo momento mantuvo un rostro inexpresivo, se notaba que ya era un experto en la materia. En cambio, yo temía que el nudo en el estómago me hiciera vomitar en cualquier momento.
Memphis notó mi nerviosismo, estrujó ligeramente mi mano animándome y giró su rostro sobre su hombro elevando la voz lo suficiente.
—No te alejes mucho y todo estará bien —aconsejó antes de que la música nos ensordeciera y las personas nos empujaran por el camino.
Ojalá le hubiera hecho caso y nunca me hubiera despegado de su lado.