-Darren Danvers-
7 meses después…
Miro a mi aliada mientras se maquilla delante del espejo. La atención que le pone a su aspecto me hace sonreír, sobre todo porque está haciendo todo lo que puede por ocultar su verdadera naturaleza, esa que floreció hace unos meses atrás y que tan bien la hace sentir.
—Si sigues mirándome así voy a pensar que te gusta lo que ves —dice, apenas poniendo sus ojos sobre mí a través del reflejo, pero sonriendo perversa por sus palabras.
—Se supone que me gusta lo que veo. Si no fuera así, ¿por qué hacemos esto?
Ella chasquea la lengua y lanza un beso al espejo cuando termina de ponerse el labial. Se gira para enfrentarme y con una pose seductora que la hace parecer imponente, me mira de arriba abajo.
—¿Porque eres Max Steel y yo me siento Barbie luego de darse cuenta que Ken es un perdedor? —replica, a su vez, molestándome con lo que ha sido nuestro chiste interno estos últimos meses.
—Amo la manera en que siempre me recuerdas lo poco que significo para ti. —Hago un puchero—. Me siento usado.
La mujer ante mí rueda sus ojos, deja en el tocador lo que trae en la mano y viene a por mí. Yo, cruzado de brazos, no me pierdo ni un instante de sus acciones.
—Rectifiquemos eso, fortachón —dice cuando llega ante mí y presiona sus manos en mis bíceps bien marcados, ahora cubiertos por la chaqueta de mi traje elegante—. Nos sentimos usados. No estás aquí por amor al prójimo, ni me salvaste de un segundo asalto con ese río porque viste en mí la posibilidad de salvar tu alma y bla bla bla…
Gira sus ojos con burla e irritación y me saca una sonrisa.
—No necesitaba salvar mi alma, mia cara.
Sus ojos brillan con satisfacción. Luego se estrechan y sus dedos vuelven a apretar mis brazos.
—Ya sabía que tu acento italiano me había impactado. Irresistible —me guiña un ojo y da un paso atrás—. Pero yendo a lo importante, mi macho alfa prestado, tú también me usas. Aunque sabes que no me opongo a eso.
Río bajo con su insinuación, mucho más porque sé que es solo una fachada. Marina Snow podía ser cualquier cosa, menos ofrecida, directa y libertina. La mujer ante mí, definitivamente, dejó esa faceta atrás.
No es que me oponga a eso, sin embargo, me complace que ella haya encontrado un equilibrio con todo lo que ha pasado y lo que la trajo hasta aquí.
—¿Has estado practicando tus líneas? —pregunto, cambiando de tema cuando su esbelto cuerpo se aleja nuevamente de mí.
Me mira por encima del hombro con una sonrisa increíble. El marrón de sus ojos se ve más oscuro que nunca.
—¿No confías en mí? —me reta. Yo me encojo de hombros y su sonrisa se amplía—. Entonces no te queda de otra que esperar.
Toma un pequeño bolso blanco y guarda todo lo que necesita una mujer para salir de casa y no sentirse vacía, antes de regresar conmigo y ofrecerme su brazo.
—¿Nos vamos, mi caballero de brillante armadura, salvador del río y ofrecedor de tratos?
Suelto una carcajada que no puedo evitar.
—Mejor regresemos a Max Steel, es menos embarazoso.
Mi acompañante suelta una risa ruidosa y juntamos nuestros brazos para salir de nuestro nuevo apartamento, con rumbo a la casa de mi familia. Dejamos atrás los chistes y las burlas y nos concentramos en lo que viene.
Hoy comienza nuestra mejor actuación. Y más vale que estemos a la altura o todo podría salir demasiado mal.
Cuarenta minutos después estoy aparcando mi auto en la entrada de la casa de mi familia. Los Danvers puede que se muestren como unos empresarios humildes, ambientalistas y benefactores de docenas de organizaciones, pero nuestra casa muestra cuánto en realidad tenemos en nuestras cuentas.
Mi acompañante se baja del auto solo cuando yo le abro la puerta, como el caballero que soy y que quiero mostrar a todos. Nos miramos a los ojos antes de entrelazar nuestros dedos y subir los anchos escalones de mármol que llevan a la entrada de la mansión.
Un ligero temblor la recorre cuando llamo a la puerta y del otro lado se escucha ruido. Me giro con rapidez, tomo su barbilla entre mis dedos y busco sus ojos.
—Estamos juntos en esto, todo estará bien. Solo sé tú.
Su fachada fuerte y controlada se desvanece por unos segundos, el tiempo que demora en captar mi promesa de estar para ella en todo el proceso que se nos viene encima. Mira mis ojos, luego mira mi boca y como si fuera impulsado por alguien detrás de mí, deshago la distancia y rozo sus labios con los míos.
Me estremezco y ella también. Pero no tenemos tiempo de analizar lo que eso significa o puede significar, cuando la puerta de la casa se abre y escucho un jadeo sorprendido que hace mi corazón acelerarse.
—¿Darren? —La voz de Alex se escucha sorprendida y aunque me cuesta fingir, disimulo ese instinto de voltear con rapidez al saberla cerca y muestro una pesada pereza al arrastrar mis ojos de mi acompañante a la mujer que amo en realidad.
Los ojos azules de mi mejor amiga están fijos en mí y aunque intenta esconder su sorpresa, fracasa estrepitosamente. La conozco demasiado.
Bajo mi mano de regreso a la de mi pareja y miro a Alex con calma.
—Alexandra —saludo y veo una pizca de dolor pasar por sus ojos al escuchar mi manera de llamarla—. No sabía que estarías aquí hoy. ¿Mis padres volvieron a armar una fiesta por mi regreso?
—Sí, sabes cómo son —responde, luego de tragar en seco y volver a mirar a la mujer que me acompaña—. Pero, pasa, están ansiosos por verte.
Espero que ella entre y miro a mi lado. Los ojos marrones de mi compañera este día y por lo siguientes meses, ya me esperan. Levanta una ceja burlona y con un seco asentimiento, me dice que sigamos.
Al atravesar las puertas de mi casa no me sorprende nada que mi madre haya ocupado su tiempo decorando como si yo fuera un universitario de regreso a casa. Nuestros pasos resuenan y, ligado al aviso de Alex, todas las cabeza voltean en nuestra dirección.
Logan es el primero en acercarse, él sabe todo de mí y lo de hoy no es una excepción. Los demás, como esperaba, se quedan mirándome sin saber cómo reaccionar.
«Y eso que todavía no saben la mejor parte».
—Cabrón, hasta que te dignas a aparecer —exclama Logan dándome un abrazo ruidoso y sonriendo ampliamente.
Sus ojos se posan sobre la mujer a mi lado por una fracción de segundo, pero no dice nada.
Cuando da un paso al lado, nadie más se acerca.
Veo a mis padres, a mis abuelos y también a Paige, a la par que Diego entra en la sala cargando con una botella de champán. Todos miran de mí a mi acompañante. No se atreven a decir nada, están más que sorprendidos.
—Gracias por la bienvenida, familia —exclamo, con entusiasmo, ignorando las caras raras de todos—. Aprovecho ahora que están todos aquí y antes de que se desaten, para presentarles a la invitada especial de hoy —me giro para ver a mi aliada en toda esta locura. Ella se sonroja y no estoy seguro que eso sea fingido—. Les presento a Kara Maxwell, mi hermosa prometida.
Los sonidos sorprendidos de todos los demás me hacen sonreír. Deshago la distancia y le doy un beso casto a mi prometida sin importarme nada más. Los labios de Kara se abren para mí y otra vez, esa corriente casi imperceptible me atraviesa la espalda.
Cuando vuelvo a mirar a mi familia, solo mi hermano Diego está sonriendo, mientras niega con la cabeza. Mis abuelos me miran como si me hubiera vuelto loco, aunque tratan de disimularlo. Mi padre me observa con atención y mi madre tiene el ceño fruncido, pero es mi hermana, Paige, la que más me preocupa. Ella mira de mí a Alex, como si supiera todo lo que estamos jugando aquí.
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-Kara Maxwell-
Debería sentirme ofendida por el recibimiento, pero mentiría si dijera que me importa. Sabía en lo que me estaba metiendo cuando acepté venir aquí y fingir que somos la pareja feliz, comprometida, que comenzará a preparar su boda cuanto antes.
Cualquier otra novia se hubiera sentido mal, yo solo sonrío como si no me enterara de nada.
—Y entonces, ¿cómo se conocieron? —pregunta Elle, la madre de Darren, con una sonrisa fingida.
Yo le devuelvo el gesto, el mío un poco más natural.
—Nos conocimos hace unos meses en Italia, fue amor a primera vista —exclamo, enamorada y haciendo revolotear mis ojos por todo el salón, buscando a mi prometido.
Cuando lo encuentro, no me extraña nada ver que su mejor amiga, la mujer por la que hacemos todo esto, intenta acercarse, tomando una bandeja de copas y llevándola por el pasillo a la derecha.
Regreso mi atención a mi suegra y mi cuñada. Ambas se ven inconformes, por no decir algo más…ofensivo.
—Es raro que mi hermano no nos contara antes, digo, si están por casarse esa es una noticia impactante.
Miro a la hermosa mujer ante mí, tiene los ojos oscuros como su hermano y su cabello, es casi tan n***o como el que yo tenía antes. Ahora mis ondas rubias son mi marca, mi nueva yo.
—Todo pasó muy rápido y luego de comprometernos, decidimos que sería una sorpresa. —Vuelvo a repasar el salón. Darren y Alexandra no están por ningún lugar—. Si me disculpan, ¿puedo usar el baño?
No me interesa quedar como una maleducada, finjo que lo necesito con urgencia. Me indican por dónde debo ir y agradezco que sea en la misma dirección que vi tomar a los “amigos”.
Estoy caminando lo más silenciosa que puedo ser, cuando escucho la voz suave de la mujer.
—¿Qué se supone que estás haciendo, Darren? Pensé que tú jamás sentarías cabeza y ahora llegas con una hermosa mujer del brazo diciéndote enamorado. —Su voz se escucha consternada—. ¿Qué cambió?
Me detengo a escuchar la respuesta de Darren. A fin de cuentas, esto era lo que él quería mostrar. Este es el primer paso de nuestro plan perfectamente elaborado.
—La persona correcta, eso pasó.
Alexandra lo mira como si se arrepintiera de todas sus reservas, como si viera a su amigo por primera vez. Me abstengo de resoplar por su nivel de estupidez.
Darren es un buen partido y ella lo está dejando ir.
—Nunca creí verte así. ¿De verdad te casarás y cambiarás toda tu vida?
Darren la mira con una sonrisa radiante.
—¿Por qué dudas de mí, Alexandra? Me dueles.
Hace su mejor actuación y cuando se aleja de ella, me ve. Me guiña un ojo y yo solo asiento, conforme.
Sonrío. Eso salió bien.
Hoy fue el turno de Darren, mañana me toca a mí.
Y mi primer paso será visitar ese lugar que ahora es territorio enemigo. Necesito comenzar mi venganza cuanto antes.