Las gotas caen con fuerza contra el para brisas, estoy a nada de llegar a casa, ver a Eliza y hacer lo que nos plazca. Al llegar estaciono el auto bajando de este con mis cosas en mano, el agua moja mi camisa en el camino hacia la entrada del edicto, la brisa fría impacta en mi espalda provocándome escalofríos. Con mi llave abro la puerta de cristal y subo con prisa las escaleras hasta el segundo piso. Abro la puerta y me adentro en el departamento, coloco mis cosas sobre la mesa, observando con deseo a la hermosa mujer que sensualmente está recostada sobre el sillón. -¿Cuánto llevas en esa posición? -digo burlón. Tiene ambas piernas extendidas una sobre otra, su espalda recargada en el respaldo con uno de sus brazos colocado sobre su cabeza. Y a pesar de verse jodidamente sexy, no creo

