Y empezó la música de repente. Todos hicieron silencio, expectantes. Cuando empezó a entonar "La lluvía caía...", su voz llenó todo el espacio circundante. ¡Danny estaba maravillado! Sus ojos tenían un brillo inusual y su corazón saltó en su pecho. Ahí estaba ella, como siempre la soñó, como siempre la esperó en sus noches de calor. Era ideal. Una erección empezó a subir de repente, y recordó que cuando estuvo con la azafata se acordó de esta bella mujer que ahora, para completar lo perfecta que era, además, cantaba.
Le recordó mucho a sus propios inicios en la música y trataba de recordar la adrenalina que lo recorría todo. Como ella, sus inicios fueron tímidos, suaves para después tomar mayor ímpetu con cada presentación. Se dejó llevar por los ardores propios de la juventud y a la mitad perdió el rumbo que una vez pensó que tendría.
Era cierto que había tenido romances con otras cantantes, pero todas eran superficiales y vacías, a pesar de que muchas componían sus propias canciones y se suponía que tenían algo más que tetas bonitas. Con Daira era diferente, se dió cuenta el mismo día que la entrevistó y la eligió el mismo día para que fuera su esposa. Ella aún se encontraba en estado puro y le hubiera encantado que se mantuviera así por siempre. Le dolió que las cosas hubieran sucedido como sucedieron, su egoísmo y sus aires de estrella lo llevaron por un camino al que no quería seguir. "Lo compensaría", se dijo a sí mismo, "por supuesto que la recuperaría, así fuera lo último que haga". Miró alrededor y se dio cuenta que todos estaban expectantes de lo que ocurría arriba del escenario. Era una ventaja para él ya que nadie repararía en su presencia, aquí no era nadie y pasó a un segundo plano ya que la protagonista principal era esa muchacha, esa musa que en esos momentos estaba como en los libros mitológicos, con su ropa danzando como si corriera una suave brisa que era inexistente en el recinto, sus labios se movían rítmicamente causando miles de pensamientos que se atropellaban torpemente en su mente.
Cuando Daira daba los últimos tonos de la canción que había elegido, se quedó un rato parada recibiendo los aplausos y vítores sonriendo tímidamente, no quería ser descortés con toda esa gente que acudía para pasar un grato momento, se bajó lo más rápido que sus piernas flojas le permitían y se dirigió rápidamente a la parte de atrás del escenario. Estaba sudada y toda temblorosa por la emoción y la vergüenza. Nunca se acostumbraría a esto, lo hacía para ayudar a su amigo, pero en cuanto consiguiera alguien que la reemplazara, con gusto volvería a sus libros y cuentas.
Richard se acercó a estamparle un beso en la cara, la abrazó y le pidió que llevara las botellas vacías al callejón pues ya no había espacio en el bar. Daba gracias a que ese hombre había desaparecido del bar y no quiso preocupar a Daira. Sería inútil comentarle que Danny estuvo aquí, ya suficiente había sufrido esa muchacha. Un rato antes, cuando estaba ella en el escenario vio que él se levantó del lugar donde estaba y desapareció por donde había venido, seguramente tenía otros compromisos más importantes que estar en un sucucho maloliente como ese, a decir de Richard quien miró con fastidio e hizo muecas a la espalda del cantante. "Aunque seas famoso no permitiré que sigas haciendo sufrir a mi niña", pensaba para sí. De momento debía alejar lo más posible a Daira del tipo que tanto sufrimiento le había ocasionado. Le dio las bolsas con botellas y la acompañó hasta la puerta para asegurarse que él no estuviera por allí.
Ella cargó la bolsa agradecida y se dirigió a la parte trasera del bar, pues necesitaba tomar aire fresco. Si bien el vestido que llevaba era de un tejido liviano, le hacía mucho calor, ¡estaba excitada! "Con razón los famosos salían con cualquiera que se les cruzara" pensó sonriente. El escenario era un gran afrodisíaco. "Si Danny estuviera aquí, completaría la emoción", se dijo a sí misma.
Todo esto en lo que se dirigía al callejón, un oscuro rincón detrás de la puerta alternativa de incendios del bar donde dejaban las cosas en desuso para reciclar en cuanto pudieran hacerlo. Estaba distraída en sus pensamientos cuando una presencia detrás de ella carraspeó...
—Daira —escuchó una voz desconocida. "No puede ser", le alertó el corazón. Ella se dio vuelta asustada.
—¡Danny!! —gritó cubriéndose la boca. —¿Qué haces aquí???¿Cómo me encontraste? —le dijo mientras él se le acercaba en silencio. Sus ojos destilaban un extraño brillo que no había notado antes.
Ella seguía haciéndole preguntas mientras retrocedía ante su presencia. Su presencia era imponente y causaba estragos en su cuerpo, su instinto le pedía a gritos que se alejara de él o no podría controlar la avalancha de emociones que se sucedían una a otra.
—Daira, te extrañe mucho.. —le dijo con voz ronca y acercándose demasiado, casi respirándole encima.
Ella ya no tenía adonde huir. Detrás suyo solo estaba la pared...y él enfrente, apoyando prácticamente su frente en la de ella.
—¿Por que te fuiste, Daira? Te elegí para ser mi esposa...—quiso explicarle.
—¡Nunca me preguntaste si yo quería...me ofreciste dinero! ¡No soy una prostituta!! —dijo con la cara llena de ira.
Continuaba con su actitud quejumbrosa cuando él imprevistamente se acercó a sus labios y le dió un beso tan dulce que ella tuvo que callarse. Se quedaron mirando por un tiempo que pareció infinito. Él volvió a probar para que ella se acostumbrara a sus labios, ella lo recibió gustosa, tratando de seguir el ritmo de su lengua.
—Ven, Daira...—le dijo sin dejar de besarla y la llevó a un callejón más oscuro aún, lejos de la vista de todos.. Ella solo lo siguió, hipnotizada sin poder creer lo que estaba viviendo...