Allí él la apoyo contra la pared y empezó a recorrer su cuerpo. Primero empezó suavemente, tocando su cuello, oliendo su pelo, besando sus orejas, luego fue bajando lentamente, como pidiendo permiso hasta que vio que ella no ofrecía resistencia. Daira estaba en una nebulosa, que Danny estuviera en estos momentos era el broche de oro para una noche completa: pudo cumplir su sueño de cantar delante de público, Las Cañas estaba remontando económicamente, Richard estaba feliz y ella, pues, ella estaba aquí, arrinconada en una descascarada pared de un callejón que daba a la nada misma por uno de los hombres más famosos del mundo que reconocía con sus manos de artistas sus curvas, lugares donde jamás nadie había posado. Danny pasó sus manos por sus pechos que de pronto parecieron tomar vida debajo de la delgada tela del vestido. Siguió hasta su cintura, sin dejar de besarla por aquí y por allá. Ella sabía que debía detenerlo, pero no pudo. "Danny, te amo tanto", gritó en su mente esperando que él no la oyera.
Las lágrimas empezaron a correr por su rostro mientras él ya atacaba sus suaves muslos y luego hacia arriba, siempre por encima del vestido, descubriéndola, explorándola toda. Estaba tan fácil tomarla allí mismo, pensó el. Tenía tantas ganas de hacerle el amor, que por un momento temió perder el control. Pero quería que fuera especial para ambos. Ambos estaban perdidos, ya no se podía volver atrás.
Él desando con sus manos el camino recorrido y le tomó la cara. Fue ahí que vio sus lágrimas no sabiendo que hacer. Estaba tan conmovido como ella. Ella lo miró y tomó su rostro con las manos y le dio un beso dulcísimo, tierno, el mejor beso que jamás hubiera recibido ni recibiría. En él iban plasmadas todas las palabras que no podía expresar, tantos sentimientos encontrados en este único momento. Él no podía creer, jamás dejó que una mujer le tocara el rostro y menos le diera un beso sin preguntar antes, siempre había atacado los cuerpos sin mirar de quien se trataba.
Danny West era un hombre que jamás amó a ninguna mujer...hasta este momento. Y el reciente descubrimiento lo dejó sin palabras, solo había silencio en su mente que estaba acostumbrada a trabajar apresuradamente y solucionar todo cuanto se le presentaba.
— Te amo, Daira —expresó cuando al fin sus palabras acudieron a su inquieta boca, no podía hacer ambas cosas, hablar y besarla a la vez. Hacía tanto que deseaba esto que no quería desgastar el tiempo, había que recuperarlo.
—Yo también te amo, Danny...pero... —la hizo callar con otro apasionado beso.
—Hoy nos vamos a olvidar de todo lo pasado. Nuestra vida empieza en este instante...
— Para tí es fácil decirlo...pero yo... — otro más
—Cada vez que digas algo que vaya contrariamente a lo que sentimos, voy a besarte — dijo con una expresión pícara en el rostro.
—Entonces voy a callarme
— ¿Eso significa que no quieres que te bese? —preguntó haciendo una mueca con los labios que a esta altura estaban hinchados y continuaban húmedos por el contacto.
Ella solo lo observó bajo las tenues luces del pasillo, estaba poco iluminado pero aún así pudo apreciar el brillo de sus verdes ojos que la miraban con intensidad, como nunca antes alguien la había mirado, mucho menos él en ese tiempo en el que se conocían. La pregunta quedó flotando en el aire candente que los rodeaba, una brisa extraña que mezclaba el frescor de la noche con los alientos tibios de ambos que se fundían en una mezcolanza ardiente. "¿Que no quiero que me beses? Debes estar loco, Danny West, es lo que más deseo en esta vida", las palabras repercutían en la cabeza de Daira,
—Empezaré a hablar de nuevo... —fue como si una señal de partida en una carrera hubiera sido dada, Danny entendió muy bien el mensaje. Inició otra seguidilla de besos que a esta altura ya no alcanzaban, querían pasar al siguiente nivel.
Fueron a un departamento que él tenía en la zona oeste de la ciudad. Hizo ir el auto por la parte trasera del bar para que nadie los viera y Daira llamó a Richard para avisarle que se iba con él. Richard estaba un poco desconfiado por lo que le pidió que le pasara la dirección por mensaje así sabría donde buscarla cualquier cosa.
Danny despidió a sus hombres para que se fueran en taxi y él mismo condujo la camioneta cuatro por cuatro en la que había ido. Pidieron comida ya que ella estaba hambrienta pues el espectáculo había empezado muy tarde y apenas pudo servirse un par de bocados mientras atendía la barra.
Al principio estaba reacia a seguirlo pero era tanta la rabia que guardaba todo ese tiempo que necesitaba una explicación de su parte. Consideraba que se la merecía ya que era parte importante del trato que él quería hacer. Ella nuevamente empezó a hacerle miles de preguntas acerca de la cláusula y del acta matrimonial que Mike quiso que firmara, Él solo quería besarla, tocarla, acariciarla, olerla.
Mientras ella hablaba él se paró detrás y jugueteó con su cabello, la tomó del mentón y giró su rostro hasta que sus bocas se encontraron. Ella pudo sentir su fuerza en la zona de atrás y dio un pequeño salto hacia adelante. Él la miró sonriendo. Estaba roja de vergüenza, se tapó la cara con ambas manos y él se las quitó con ternura. Volvió a atacar esos labios rojos que lo volvían loco y ella apenas pudo soltarse para decirle entre susurros: "Danny...yo nunca..."
Él la miró sorprendido y se rió de si mismo cuando recordó lo que Mike le había dicho. "¿Por que Mike creyó en ella y yo no? soy un maldito", se dijo a sí mismo. Él no quería hablar, solo quería hacerla suya. La miró a los ojos esperando que ella entendiera el mensaje que quería dar..."no importa, solo quiero que seas mía".