–¿Tiene que estar con nosotros todo el tiempo? –dudó Riley. Apenas habían pasado tres días que Riley se encontraba bajó el ojo de su vigilante y la desesperación comenzaba a surgir, el hombre era intimidante y por su tamaño y enorme proporción no pasaba desapercibido en ningún lugar, para Riley era molesto intentar entablar algún tipo de conversación con él y nada surgía efecto, se sentía ridículo estar hablando y no tener ningún tipo de respuesta o gesto de su parte; ese hombre parecía una piedra difícil de remover. –Solo a ti te molesta –respondió Kalia. –Es incómodo para todos –debatió él. –Klaus, ¿a tí te molesta el hombre canguro? Ese era el nombre que el niño le había colocado al hombre que los seguía a todos lados, nadie sabía el motivo, el hombre no había hecho y mucho me

