Veía los dos cuerpos balancearse, el de Andrea casi en posición fetal, las rodillas muy juntas, volcada sobre el sillón, todavía con la polla de ese viejo dentro de ella, que acababa de descargarse, la mano de él acarició la suave nuca de ella, por debajo del largo y liso pelo, suspiraban juntos, ese cansancio, ese esfuerzo supremo de los nervios y de los tendones. El viejo gruñía con satisfacción, le dio un último empellón como si le quedara un resto de lefa por descargar. Y luego la cogió de un hombro para atraerla hacía si, una vez más y volvió a besarla y esta vez creo que encajé mejor el golpe, aunque me seguían doliendo esas besos, esos choques de las dos bocas, ese encuentro de los labios que se devoraban, tan dulcemente ahora, después de la tormenta. _Me acabaste adentro……sin pr

