Regresé a casa, no había logrado ver a mi hermanita pequeña, pero al menos sabía que estaban bien. Entre por la puerta agotada y empapada de nuevo, no había dejado de llover desde que enterré a aquel hombre. Entonces me encontré con un grupo de chicas jugando con los chicos. —Lo siento, no lo recordaba —me disculpé al ver que les había interrumpido. —Vaya, ¿esta es vuestra hermana? —Dudó una chica haciendo que mi corazón dejara de latir— Es muy guapa. —Vuestros padres tienen que ser muy guapos —Siguió otra. Mientras estas hablaban los chicos me miraban y hacían gestos pidiéndome que me fuera. —Ya... bueno, debo irme, tengo cosas que hacer —concluí caminando. Pero una nueva chica se chocó conmigo, esta estaba llena de lágrimas y parecía estar muy asustada. Sin embargo, lo que me lla

