—Ese hombre me da asco —bufo al inclinarme para prensar un tacón en mi pie. Me encuentro sentada en el borde de mi cama, Sergio y Catalina están a un lado de la puerta de mi habitación, dedicándose a mirarme con algo de lástima. —Podrías tomarlo como tu hombre de julio —dice Sergio al fingir una sonrisa. Meto un dedo dentro de mi boca y finjo tener una arcada. —Es que ni eso… no me provoca ganas ni para eso. —Entonces, ¿por qué vas a salir con él? —interroga Cata al cruzar los brazos a la altura de su pecho a la vez de que deja salir un largo suspiro—, no es justo que ese puto viejo que tenemos por jefe te obligue a hacer eso. —¡Ya que! —digo al encogerme de hombros—, al menos disfrutaré de la comida gratis. Me pongo de pie y levanto las comisuras de mis labios al formar una pequ

