Clarice asistió a la mansión Wagner algo nerviosa. Aquel parecía ser su estado de ánimo común cada vez que pisaba ese hogar. La intriga por no saber si Travis la recibiría o no la carcomía. Aunque igual iba. Notó que siendo terca lograba obtener alguna respuesta del hombre y eso buscaba. Por suerte, en esa ocasión Travis no la hizo esperar mucho rato y no la recibió con cara amargada, sino con cierta inquietud. —Pensé que no vendrías —dijo él al subirse a la camilla. —Oficialmente no me has echado a la calle —respondió ella con una sonrisa—. Bueno, sí lo has hecho, pero esas partes no las escucho. Él no sonrió, aunque su rostro se relajó tanto que parecía estar a gusto. —Gracias por no escucharlas. Yo siempre me arrepiento de haberlas dicho. —¿Y por qué no me llamas y me pides perd

