Al salir de mi jornada laboral, corrí a mi salón de clases, allí había un grupito de compañeros reunidos murmurando, entre ellos; Tylor y Lucy, que al verme llegar me enfrentaron haciendo cuestionamientos como si tuviesen tal derecho.
—¿Cómo conseguiste ese empleo?
Preguntó en tono molesto Tylor.
—De la misma forma que lo consiguieron ustedes, ¿cuál es el problema?
—No eres parte de los elegidos por su empresa, ¿cómo hiciste?
—De la misma forma que todos aquí lo hicieron, no hice más nada. No entiendo la molestia de ustedes dos.
—Mia, sé que hiciste algo para obtener el empleo, más te vale que lo digas —me cuestionó lucy
—Claro que hice algo, hice dos diseños, dos propuestas diferentes que fueron del agrado de Señor Carter, ¿qué otra cosa más podría hacer?
Respondí molesta ante sus insinuaciones.
—Lo vimos dándote un celular, ¿son muy amigos no? —cuestionó Tylor.
—Sí, es el celular de la empresa o ¿es que acaso ustedes no tienen uno?, ahora que les quede claro a ustedes dos, mi relación con el señor Carter es estrictamente laboral, así que Tylor, más te vale andar con cuidado porque no pienso tolerar que me faltes el respeto cuando se te da la gana y tú Lucy, ¿crees que mereces que te dirija la palabra de ahora en adelante? porque queda claro que tú y yo amigas no somos después de todo o ¿me estoy equivocando?
Inclinó su rostro y se marchó del aula, Tylor quien siempre se comportó dulce conmigo ahora era un completo idiota y, aunque quisiera perdonarlos; mi único mal era ser rencorosa y sabía cómo hacerlo a gran escala.
—Solo era una maldita broma, Mia.
—Que insinúes que tengo ese empleo por algún favorcito no me parece una broma, Tylor, así que déjame en paz y búscate una vida.
Tomé mi asiento y esperé a que el profesor llegara. Mi celular de trabajo sonó y era un mensaje del señor Carter.
—Tienes un carácter del demonio Mía.
Miré a todos lados y no di con él.
—Disculpe, ¿por qué dices que tengo un carácter del demonio? ¿acaso escuchó o vio lo que acaba de pasar?
—Lo vi y lo escuché, pasé al frente del aula, trata de ser amable con tus compañeros.
—Temo que volver a esa línea será imposible, lo siento.
No hubo más respuesta y, además, el profesor apareció con su típica expresión de demonio reencarnado; al menos así lo nombré basándome en una película de terror.
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Pasaron cuatro días desde que comencé a trabajar para el señor Carter, todo transcurrió con normalidad hasta este momento cuando de su boca salió:
—Olvidé decirte, haremos acto de presencia al evento que ha organizado John, esté lista a las cinco de la tarde, pasaré por usted a su casa.
¿cómo se supone que debía ir vestida a un evento como estos? yo era más de la típica chica de tenis y jeans, eran los únicos atuendos con los que me sentía cómoda.
—Señor Carter —dije haciendo una pequeña pausa entre las palabras —siento tener que decirle esto, me da vergüenza con usted, sucede que, no sé qué clase de ropa debo usar.
—Claro —mencionó aflojando su corbata —ya lo suponía, eres la única que luce tenis en el trabajo, he contratado a una persona que te ayude con tu imagen, eres mi asistente por lo que debes vestir a mi altura.
Este hombre sabía cómo dejarme callada, sorprendida, y hacerme sentir como fuera de moda, pero tomarse tantas molestias conmigo, me hacía sentir rara, podría mal interpretarlo; lo bueno era que no daba cabida a tener un mal pensamiento, sabía y tenía total claridad que una relación no formaba parte de mis planes, no hasta tener un futuro asegurado.
—Como usted ordene Señor Carter.
Volví a mi escritorio hasta que fue mediodía, ambos nos retiramos para alistarnos e ir al evento. Cuando llegué a casa mamá hablaba plácidamente con una chica que traía consigo una colección de vestidos y zapatos.
—Tú debes ser Mia, ¿no es así? Soy Raquel, ¿estás lista?
Afirmé y me llenó de elogios por cabellera lisa y mis ojos verduzcos, almorcé algo y tomé un baño para dar inicio con los vestidos que debía medirme.
—Tienes una cintura pequeña, quiero acentuarla más.
Yo no tenía idea de qué decía, ¿qué era acentuar y para qué? todos los vestidos los veía igual.
—Este es el indicado.
Se detuvo en un vestido ajustado al cuerpo con un largo hasta las rodillas y con un vuelo no muy esponjado, era de mangas largas hasta las muñecas de la mano, el cuello del vestido llegaba al inicio de mi garganta y tenía un escote muy sutil que dejaba entre ver la separación de mis senos.
—Te vez realmente hermosa hija.
Estaba tan sorprendida al verme al espejo que nunca pensé que podría verme así. Me coloqué los zapatos de tono nude y con un tacón prudente para no hacer el ridículo en el evento.
Raquel también me maquilló y me peinó, al final cuando vi el atuendo completo me prometí siempre verme de esta manera, tal vez era la forma que muchos me tomaran en serio en el trabajo.
—Estoy nerviosa.
Esperaba sentada al señor Carter, el timbre sonó y al abrir allí estaba él con su boca abierta mirándome de arriba a abajo, yo también estaba igual que él, sabía lo elegante que él era, pero con su recorte de cabello y barba se veía espectacular, fue la primera vez que vi sus ojos tan de cerca.
—Buenas tardes.
Interrumpió mamá el momento para sacarnos del transe en el que estábamos.
—Buenas tardes señora, soy Brian Carter, tendremos un evento y Mia como es mi asistente me acompañará, vendré a dejarla.
—Mucho gusto señor, claro, vayan con cuidado y por favor cuídala mucho.
—Pierda cuidado, lo haré.
Tomé un pequeño bolso que Raquel dejó para mí, allí coloqué ambos celulares, una pequeña libreta, la agenda y un bolígrafo.
—Señor Carter, disculpe mi intromisión, pero ¿cree que así deba ir vestida?
—Luce muy bien Mia; el vestido le queda a la perfección, mantén total calma y todo saldrá bien.
Moví la cabeza de arriba hacia abajo en forma de afirmación, lo que menos quería era hacer pasar una vergüenza al señor Carter y ser la comidilla del día siguiente.
—Señor Carter, revisando su agenda el lunes no tiene nada agendado ¿lo dejo así?
—Ah, sí, no te lo dije, necesito que canceles todo lo que tenga agendado el martes y miércoles, no estaré disponible esos tres días, John me reemplazará, de igual manera es necesario que asistas a trabajar.
—Muy bien, me pondré a trabajar en ello.
—No —detuvo mi mano —hazlo el lunes, hoy necesito que estés concentrada en el evento.
—Muy bien.
El auto se detuvo en la entrada de uno de los salones de eventos más importantes de la ciudad. El señor Carter fue el primero en bajar del vehículo y por último yo, fuimos fotografiados hasta desaparecer por la enorme puerta.
Nos reunimos con los demás empleados de la compañía, mis compañeros para ser exacta no dejaban de mirarme y para muestra un botón; Ana Lucía muy amablemente se acercó muy coqueta a hacerle conversación a Brian, pero éste colocó su mano en mi espalda y mi hizo caminar apartándonos del grupo.
—¿Sucede algo?
—No, solo que ya no quería seguir allí, iremos a saludar a algunos colegas.
Detrás de él como perrito iba yo, estuve así unos veinte minutos hasta que logré sentarme cuando el evento comenzó. Grabé cada palabra que se dijo en el evento para luego hacerle un informe a Brian, también agendé algunas citas y reuniones a las que él muy complacido aceptó.
—Vaya, no creí que mi amiga podría lucir de esa manera.
Mencionó Tylor muy cerca de mí y pude sentir su mirada bajar desde la curva de mi espalda hasta mis nalgas, y eso que mi vestido no era ajustado de falda.
—No somos amigos, Tylor, y no sé cuál es tu sorpresa estamos trabajando en un evento importante, tenemos que asistir con la mejor ropa que se pueda.
En eso el señor Brian Carter comenzó a caminar y yo lo seguí dejando Tylor atrás. Estaba ya sintiéndome incomoda al usar un vestido con esta hechura, sentía que las miradas eran similares a las que Tylor me dio minutos antes.
—Es hora de irnos Mia, al menos que quieras quedarte a bailar un rato y disfrutes de la fiesta.
—No se quedará?
—No, le estoy diciendo que es hora de irnos, no me gusta estar en fiestas.
—Ok, también me marcho.
Caminaba de forma extraña, tenía una que otra ampolla en los pies, pero a pesar de ello, estaba orgullosa de mí por soportar el dolor que causaban los zapatos al caminar y no hacer ninguna escena vergonzosa.
Al llegar a casa y cuando el auto desapareció del vecindario me quité los zapatos y estiré los dedos de los pies, sentí tanto alivio que gemí. Tomé los zapatos en la mano y entré a la casa, las luces estaban apagadas lo que significaba que mamá estaba dormida, intenté no hacer ruido hasta llegar a mi habitación donde me tiré a la cama aún con el vestido puesto.
Me quedé dormida por el cansancio que me dio usar esos zapatos, a eso de las tres de la mañana me levanté y cambié de ropa. Era domingo y tenía la fe puesta en que dormiría hasta la diez de la mañana si fuera posible.
Le eché una mirada al celular de la oficina y no tenía mensajes, revisé el mío y tenía un mensaje de Lucy pidiendo perdón para las estupideces que dijo cuatro días atrás.
"No lo vale" me dije a mí misma ¿valió la pena humillarme de la forma en que lo hicieron?, por supuesto que no lo había valido, entonces su perdón tampoco valía para mí.