Capítulo 3: Nunca le había golpeado

1035 Words
[Punto de vista Fernanda] El sol me estaba dando directo a mis ojos, provocándome que impidiera con mi sueño. Abrí mis ojos con dificultad volteando a ver si Camila se encontró y ahí estaba durmiendo tranquilamente, moví un poco su cuerpo provocando un gemido de su parte pero no logrando que abriese sus ojos —Camila. - le hablé algo alto y ella abrió sus ojos lentamente, mostrando sus preciosos ojos chocolate —¿Qué pasa? —Preguntó con voz algo ronca —Ve a cerrar la persiana que me lastima el sol. - ella se levantó cerrando la persiana y volviendo a la cama Volví a consolidar mi sueño, quedándome dormida de nuevo pero alguien me lo interrumpió. -Mamá. - la voz de Alex me despertó —¿Qué quieres? —Dije con voz adormilada —Dice mami Camz que te deja tu desayuno en el comedor. —Sí, ya vete que no me dejas dormir. - me envolví en las cobijas quedando nuevamente dormida Cuando por fin había descansado perfectamente como quería, hice mis necesidades, me puse una bata fina color blanca con bordes dorados y bajé a la cocina porque Camila me había dejado el desayuno listo. Entré a la cocina encontrándome mi desayuno con una bandeja sobre la barra, me había preparado wafles con miel, un vaso de zumo de naranja recién echo, un tazón de fruta acompañado con granola y una taza de café. Tomé la bandeja, y caminé hasta mi sala de estar, dejándola sobre la mesa de cristal, encendí mi gran televisor de plasma dejando una serie de Netflix. Mi celular vibró, tomé mi iPhone y era un mensaje de mi amante, Keana.  Una sexy modelo que trabaja en la empresa que era de mi padre, ahora mi empresa Buenos días bebé, te   extraño ¿Cuándo vienes   a verme? No tardé ni un momento en respondedor. Hola princesa, yo también te  extraño ... Iré cuanto pueda  . Bloqueé mi celular después de responderle a Keana, dejé mi celular sobre mi gran sofá de piel para seguir viendo la televisión y disfrutar mi delicioso desayuno. Después de ver cinco capítulos más, llegaron Camila y Alex. El niño venía vestido con su uniforme de fútbol del club donde ahora entrena. Su abuelo Alejandro lo metió a un club deportivo de fútbol, para que él tuviera las mismas capacidades para jugar que su tío Anthon, el hermano de Camila. —Fer, despertaste. - dijo Camila al verme y rodé los ojos —Pues claro, ¿qué no ves o qué? —Dije lo más obvia. Volví mi mirada al televisor y llevé mi vaso de zumo a mis labios —Mami, mira lo que compramos. - Alex corrió hasta mí y chocó conmigo provocando que el jugo derramara por toda mi bata —¡Mira lo que provocaste, idiota! —Le grité molesta. El niño hizo un puchero y Camila me miró furiosa —¿Qué te pasa, Fernanda? - corrió hasta el niño y lo puso tras de ella - ¡No te voy a permitir que insultes a mi hijo! No puede controlarme más me levanté frente a ella e hice que la palma de mi mano golpeara fuertemente su mejilla, dejando su rostro de volteando. Enderezó su rostro para mirarme con tristeza, su mejilla estaba roja totalmente, tocó su mejilla e hizo un gesto de dolor.  Alex soltó en llanto viendo la escena, y aún más, ver a su madre golpeada. —Camila ... Yo ...— traté de tocarla pero ella dio un paso hacía atrás. Yo nunca le había golpeado. —No me digas nada, Fernanda - dijo con lágrimas a sus ojos - Vamos a tu habitación, hijo. - tomó la mano de Alex y caminaron hasta subir las escaleras Me volví a sentar en mi sofá llevando mis manos a mi cabello. Yo nuca le había pegado, nunca lo había hecho, hasta hoy ... Subí a la planta de arriba para pedirle disculpas a ella, caminé hasta la habitación que comparto con Camila pero no estaba ahí, escuché ruidos que provenían de la habitación del niño, me dirigí a la puerta color blanca que estaba decorada con letras de madera color azul, que decían el nombre del niño, "ALEX"   La puerta estaba entreabierta y vi a Camila de espaldas con Alex en sus muslos, y acariciando su cabello. —Ya mi amor, no llores. - escuché a una Camila del lado de la habitación con la voz cortada —Es que no me gusta que mamá te pegue. - dijo llorando —Mi niño, ella no me quería pegar. Ella solo estaba molesta porque le derramaste el jugo sobre su bata, sabes que ella nunca se enoja. -—No la justifiques, mami. —No la justifico hijo, ella solo se molestó ... —No mientas mami, ella no me quiere, nunca me ha querido. - dijo volviendo a llorar y Camila lo aferró más a su cuerpo acariciando su espalda En ese instante mi celular sonó y me alejé de la habitación de Alex para atender, era Keana. Llamada telefónica -  Hola mi amor. —Escuché a una Keana feliz del otro lado de la línea -  Hola ...  —saludé sin mucho ánimo por lo que acababa de escuchar -  Oye, ¿te parece si nos vemos en el hotel de siempre? -  ¿En el hotel? —Pregunté extraña porque era sábado y nos podíamos ver en su casa. No entiendo -  Si. -  ¿Por qué no en tu casa? -  Mi hermana está aquí, no quiero que escuche mis gemidos. —Ahora entendía—  ¿Entonces? ¿Nos vemos? Te extraño ... -  Te veo en una hora. —Mi humor desapareció como por arte de magia -  Vale. Fin de la llamada telefónica Entré a mi habitación tomando mi toalla, y entrando al baño, dejé mis cosas sobre una pequeña repisa.  Abrí las manecillas dejando caer los chorros de agua sobre mi cuerpo. Después de quince minutos salí de mi ducha poniéndome un top n***o deportivo y enredando mi cuerpo con una toalla alrededor de cintura. Salí del baño que está situado en mi habitación y me encontré con Camila leyendo un libro. La ignoré y caminé a mi clóset saqué mi ropa que me pondría. Le di la espalda a mi esposa, poniéndome unos bóxer y mis jeans color n***o, me coloqué una playera color gris, mi chaqueta de cuero y mis botas de camuflaje.   Maquillé mi rostro, acomodé mi cabello y salí de mi casa sin avisar a donde iba. Encendí mi Mercedes conduciendo hasta el hotel donde me vería con Keana, esa sexy mujer con un cuerpo para morirse. —Amor. - dijo al verme y me acerqué a besar sus exquisitos labios —Entremos ...— le susurré a su oído
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