Para este fin de semana, Mateo me pidió pasarla con él, a lo cual accedí de inmediato alegre y mientras caminábamos esa tarde, por la carrera 46, con el sol de la tarde acompañándonos mientras íbamos tomados de la mano, lo supe. Esa era la primera vez en mi vida, en ese momento, que pude notar que era genuinamente feliz. Podía sentirlo por todo mi cuerpo y aunque era ciertamente aterrador, porque sabía que podría acostumbrarme fácilmente a esto a pesar de no tener idea de qué pasaría después, me gustaba. Aunque había una constante voz en mi cabeza que me hablaba, que me hacía preguntarme muchas cosas que prefería ignorar, porque esto se sentía bien, se sentía tan bien, maldición, ¿por qué arruinarlo todo? ¿por qué siempre el mismo temor? La constante inseguridad, el miedo de volverme vulne

