VERONA, ITALIA. Luca se estremeció. No quería salir de allí, joder, era como si su cuerpo se hubiera adaptado a ella en cuestión de segundos y se hubiera obsesionado con estar dentro para siempre. Estaba pensando seriamente en no dejarla dormir, quería estar con ella cada noche, en cada rincón, en el maldito auto…en cada espacio donde ambos pudieran entrar. Era un obsesivo, pero mientras ella lo deseara como él, nada importaba. Su cuerpo entre sus brazos era un deleite que él no estaba dispuesto a dejar pasar. Su m*****o se sentía en el cielo dentro de ella y ese ciego se convertía en el mayor de los paraísos cuando salía y entraba en ella de nuevo en una trampa mortal de placer que le tenía al borde. Piel contra piel. Una buena combinación. Luca se sentía maravillado. Era ex

