Clara había estado todo el día pensativa. Se habían sentado a ver una película después de almuerzo con Patricio, mientras sus padres dormían una siesta, pero estaba lejana, perdida. El hombre temió que ella tuviera algún problema o que ya no quisiera estar con él. Patricio le puso pausa a la película y Clara ni cuenta se dio. Él esperó un momento sin decir nada, pero ella siguió en las nubes. ―¿Qué pasa, amor? ―le preguntó al fin. ―Nada. ―¿Cómo nada? Mírate, paré la película y ni cuenta te diste. ―No me pasa nada, ¿ya? Estaba pajareando. ―¿Estás segura? ¿Pasó algo? ¿Estás nerviosa por algo? ―No. Ya te dije que no ―contestó a la defensiva. ―¿Por qué estás enojada? ―No estoy enojada. ―No me mientas, mi niña, tú no sabes mentir. ―En realidad no tengo ningún problema, es

