Capítulo veinte. ¡Vivan los novios!

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«Sí, ¡¡¡Dios, sí quiero ser tu esposa!!!» Aquiles amó la efusividad con la que Anastasia gritó su respuesta. Sabía que el silencio de sus enemigos era peligroso, sin embargo, eso no iba a quitarle el sueño y mucho menos iba a permitir que entorpecieran la relación que tenía con Ana. Anastasia se sentía como una reina, la velada que Aquiles le había preparado era digna de un cuento de hadas. Ella pensó que sería eternamente una cenicienta. Hoy disfrutaba de la mejor vista de la ciudad, disfrutaba de la exquisita compañía de un hombre con quien jamás hubiese podido imaginar, siquiera soñar. Ella no había sido capaz de llegar a soñar tan alto, y Anastasia comprobó que nada de lo que estaba viviendo era un sueño. Lo confirmó los siguientes días que le siguieron a aquella hermosa y origina

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