Evangeline Volví caminando lento. Eso era lo que hacía cuando algo intentaba desarmarme: ordenaba el cuerpo primero. Espalda recta. Mentón alto. Respiración estable. El restaurante quedó atrás como una escena mal iluminada. La propuesta seguía flotando en mi cabeza con una claridad irritante. Porque eso causaba Cassian, irritación. Un año. Contrato. Dinero inmediato. Necesitaba el dinero, pero ¿valía eso mi libertad? No estaba segura de querer pagar el precio de aquello. Subí al departamento sin usar el ascensor. Cuatro pisos. No por orgullo. Por necesidad, pero aun así en el tercer descanso tuve que detenerme. No fue aquel mareo constante, sino esa presión conocida. Una opresión fina detrás del esternón, como si alguien apretara con dos dedos desde adentro. No era dolor agudo, pe

