Cassian La oficina del registro civil no era el lugar idílico que las revistas de sociedad describen. Era una sala fría, con olor a papel viejo y el zumbido de un aire acondicionado que parecía agonizar. Pero para mí, era un campo de batalla. A mi lado, un hombre que costaba mil dólares la hora, Marcus Thorne, revisaba los documentos con la mirada de un halcón. Marcus no era solo mi abogado; era el tipo de hombre que enterraba reputaciones antes del desayuno. Si había una grieta en un contrato, él la encontraba; si había una amenaza, él la neutralizaba. Miré a Evangeline. Estaba pálida, pero mantenía una rectitud que me obligaba a respetarla. Pero la verdadera tormenta nos esperaba en el pasillo, un poco más allá de la puerta de salida. Mi madre, Beatrice, estaba allí. No debería

