Mis dedos recorren su espalda desnuda mientras observo el techo de su habitación, su respiración pausada me mantiene en calma, pero aun así no puedo dormir, respiro hondo y sigo trazando círculos en su cuerpo suavemente, su olor a cítricos me acaricia haciendo que un leve suspiro escape de mis labios, su cabeza descansa en mi pecho y una de sus piernas envuelve la mía. - No crees que es muy temprano para levantarse – susurra con voz ronca. - Son las cinco de la madrugada amor – se quejo y mire el reloj, eran las cinco y diez minutos. - ¿Cómo sabes la hora? – curioseo – O mejor ¿Cómo sabes que estoy despierto? – me mantuve quieto. - Por tu respiración – responde – Por lo otro es un don que tengo, no lo sé, es como si supiera la cantidad que duermo, además mis h

